Inesperada muerte
Fray Antonio Lafuente. Ante la inesperada muerte del Padre Fray Antonio Lafuente, llegan los recuerdos, las emociones y las vivencias de tantos años.
Conocí al Padre Antonio Lafuente, por aquella época, se le conocía por Fray Eulogio de Tiena, de la Provincia de Granada, cuando estudiaba filosofía en el coristado de Sanlucar de Barrameda. Aquellos coristas del convento de Capuchinos. Aquellos recordados jóvenes estudiantes que tanto simpatizaban a este pueblo de Sanlúcar. Después supe que aún siendo corista se fue una temporada al convento de Granada, como reposo y, convivió con Fray Leopoldo en vida, aunque según nos contaba el Padre Antonio, (Padre Eulogio, como yo le llamaba), que el conoció a Fray Leopoldo cuando éste hacía la postula por la provincia de Granada y se llegaba al cortijo de su abuelo.
Después con el tiempo recuerdo y lo grabé en mi memoria, que siendo yo postulante del convento de Capuchinos de Córdoba, en el año de 1958 y para mas concretar en el mes de diciembre, que pasaba por el convento de Córdoba siendo diácono para asistir a la primera misa del Padre Cesar de Montoro. Después él se ordenó de sacerdote en febrero del año 1959, cuando se terminaba la carrera eclesiástica, en aquella época, los jóvenes sacerdotes tenían que hacer un curso de pastoral.
No había suficiente número de jóvenes sacerdotes en la provincia Capuchina de Andalucia, pues en su curso que eran siete, unos se marcharon a la República Dominicana, otros a estudiar a la Cartuja de Granada, quedando solo fray Cesar de Montoro y fray Eulogio de Tiena. La solución pasó por unirlos a nuestros hermanos franciscanos de Chipiona, donde se estaba haciendo un curso de pastoral en el coristado de Regla. Este curso comenzó en el mes de octubre del año 1959 hasta principios mayo del año 1960. El Padre Eulogio y fray Cesar de Montoro, venían de vez en cuando al convento de Sanlúcar a saludar a la comunidad y a veces le daban permiso para estar en una recreación con los novicios, en aquella época yo era novicio. Él nos contaba su vida en el monasterio de la Virgen de Regla, nos hablaba de los padres de Chipiona, del Padre Agustín Zuruaga, y para él fue una gran experiencia de haber vivido un curso a las planta de la Virgen de Regla. Eso dejó al Padre Antonio Lafuente, marcado para toda la vida, porque siempre que tenía ocasión de venir a Sanlucar se pasaba por Chipiona, o cuando estuvo destinado aquí en Sanlucar solía ir todas las semanas a Chipiona a consultar o a confesar con un padre franciscano y ponerse bajo las planta de la Virgen de Regla.
La última vez que estuve con él en Chipiona fue a final de Junio, pues hubo en el convento de los Capuchinos de Sanlúcar unos ejercicios espirituales de toda la Provincia de España. Una tarde fui a Chipiona, acompañando al Padre Antonio Lafuente y acompañados a su vez, por el Padre Alfonso de Antequera que está en Jerez, que ni decir tiene que ellos no eran amigos o compañeros, eran auténticos hermanos. Ya no era ir solamente a rezarle una Salve a la Virgen de Regla, si no que era ir a saludar al obispo franciscano, fray Víctor de la Peña, quién después de haber estado bastantes años en el Perú como Obispo, ya enfermo, vive en Chipiona. Este hecho es desconocido por las gentes de la vecina ciudad y por aquellas que se acercan a visitar el santuario.
De fray Víctor de la Peña, decir que es una delicia hablar con él, por que te transmite humildad, alegría, aún en su enfermedad parece que lo olvida todo y transmitiéndote el espíritu franciscano de Paz y Bien. Cuando hablamos con él, siempre nos recuerda las dos o tres veces que coincidió con San Juan Pablo II. Nos cuenta como en aquella época siendo él franciscano, obispo, además de misionero, conservaba la barba y nos decía que Juan Pablo II le pasaba la mano por la barba como una prueba de afecto.
El Padre Antonio Lafuente estuvo en Sanlúcar varias veces, cuando terminó el curso de pastoral en Chipiona en el año 1960, fue trasladado al convento de Sanlúcar, quedando como capellán del antiguo hospital de San Diego, además de estar en el Colegio de La Salle.
Los novicios le llamábamos “el Padre Joven de la Comunidad”. No podíamos hablar con él, en aquella época había cierta separaciones en los conventos. En los noviciados, los jóvenes vivíamos en un mundo a parte, pero en los días de fiesta cuando el Padre maestro nos daba permiso para que el Padre Joven pudiese pasar el recreo con nosotros. Él nos contaba sus primeros años de vida apostólica, -como he dicho ante- su vida en Chipiona, y los primeros meses de sacerdote en el hospital de San Diego atendiendo a los enfermos y a atendiendo al culto. Después al empezar el curso del año 1960-1961, lo mandaron de profesor al convento de Antequera, a nuestro antiguo seminario Seráfico. Allí se llevó muchos años el Padre Antonio Lafuente como profesor, después fue Guardián del convento de Antequera, mas tarde pasaría en Córdoba varios años y con el tiempo vino a Sanlúcar. En Sanlúcar, estuvo en la parroquia de Ntra. Sra. de los Ángeles de El Palmar, unos diez años aproximadamente de párroco, y tuvo la valentía de recuperar aquella procesión, de aquella fiesta de la Virgen de los Ángeles que se había extinguido, con la ayuda del Camino Neocatecumenal, todos ayudaron mucho y es de ésta época que contamos nuevamente con la fiesta de la Virgen de los Ángeles. En este tiempo que vino el Padre Antonio Lafuente a Sanlúcar, teníamos reciente el fallecimiento del siempre recordado fray Alberto de Galaroza, que era en ese momento Delegado Episcopal de Hermandes y Cofradías. La llegada del Padre Antonio Lafuente, propició que el Obispado le asignara el cargo del fallecido fray Albreto. Me quedo con un detalle muy importante para mi y en esto quiero resaltar la verdad, como nos dice San Juan: “la verdad nos hace libres”, que tuvo por entonces el Padre Antonio. En aquella época hubo ciertos problemas en el Consejo de Cofradías con algunas de las Hermandades. Era por entonces el presidente D. Lucas Alcón Cuadrado. Hubo en aquél tiempo un suceso un poco extraño en el Consejo Episcopal de Hermandades y Cofradías, según les constaba la Delegación de Jerez estaba recibiendo una series informes que no habían sido tramitados desde el mismo Consejo. Ante esta situación anómala y que no era cosa aislada, en el Consejo decidieron al completo, presentar la dimisión. El Padre Antonio Lafuente al ver como todos en el Consejo presentaban la dimisión, presentó la suya también. Muchos puritanos no vieron con buenos ojos, que el Padre Antonio acompañara su dimisión a la del Consejo. Pues con su gesto contribuía a dar la razón a los hermanos cofrades de a pie. Precisamente a este respecto me decía el propio Padre Antonio: “…si el Consejo ha presentado la dimisión al completo, y yo formo parte de él, por eso he presentado la mía también”. Porque hay que ser leal y no hacer las cosas a hurtadillas. Son momentos de la vida del Padre Antonio Lafuente, que también hay que alabar.
Se constituyó hace ya años la «Asociación de Antiguos Alumnos Seráficos “Francisco de Asís”», cuyos integrantes son muchos de aquellos niños que en su tiempo pasaron por el seminario del Convento de Antequera. Aquellos niños eran llamados en su momento “Seráficos” El Padre Antonio era como el consiliario de este grupo, que capitaneaba, el buen Antonio Sancho. Precisamente este año, tenía esta asociación, su octavo encuentro en el convento de Córdoba, el 21 de septiembre, pero nuestro Fray Antonio Lafuente (Fray Eulogio de Tiena), ya se había marchado a la Casa del Padre. Estos antiguos alumnos que pasaron por nuestro colegio seráfico, hoy desaparecido, amparan su hacer diario en todas aquellas vivencias con el Padre Antonio. Tengo que resaltar, que muchos han tenido estas vivencias hasta momentos antes de su partida celestial.
Ha sido una gran perdida para todos, y en especial para estos antiguos alumnos. La muerte del Padre Antonio, nos deja un vacío, pero hay que seguir adelante y, ahora el Padre Antonio Lafuente desde el cielo seguirá ayudando a todos los amigos de la Orden, a toda la gente de la Parroquia de Los Ángeles, al pueblo de Sanlúcar y, como no, ese lugar que él visitaba siempre que venía a Sanlucar, al pueblo de Chipiona y a los hermanos franciscanos de la Virgen de Regla. A todos Paz y Bien.
Fray José de Sanlúcar
