El tabernero rociero
José Antonio Córdoba.-Su historia está marcada por sucesos nada agradables en el ámbito familiar y sentimental. Y sin embargo, es digno de admirar pues pese a todo sigue adelante y, crece como persona y profesional.
Es un hombre corriente, fiel a sus amigos y conocidos, entre estos últimos me encuentro. No faltarán los que puedan coincidir en afirmar que todo es debido a su profesión, pero quien así juzgue denota claramente que no es conocedor de esta persona.
Para mi, aquí, donde hoy escribo se sucede un fenómeno simbiótico. Pues a la calidad de la persona se une la magia del lugar. Un lugar donde hace tres años evolucionó de trabajador a empresario joven.
Hay que reconocer que sus inicios no han sido nada esperanzadores, pues, pese a ser un lugar sagrado por los cuatros vientos, aquí ha sufrido desengaños sentimentales y laborales.
De quien aquí hablo, Toni, regenta actualmente el bar que se encuentra ubicado en los jardines de la Casa Hermandad de la Virgen del Rocío.
Salvando las diferencias de época, este lugar recuerda claramente a aquellas tabernas ribereñas de siglos pasados, donde el viajero, el navegante o el soldado encuentra cobijo para el alma y para el cuerpo.
En esta taberna no encontrarás mozas de buen ver, pero si mozos que las señoras podrán disfrutar de ver. Aunque, existe una buena moza, por nombre Mari, ella solo sirve al necesitado y a la Señora del Rocío, a la cual diariamente engalana de flores. Pero ella es de otra hermosa historia.
Aquí tienes a bien descansar tras un largo camino, donde después de dar gracias a la Virgen Marismeña, puedes humedecer el gaznate seco por el caminar o el rezar. Aquí te recibe Toni con un buen vino acompañado de productos de la zona o de la bella mar.
Este rincón rociero es un lugar donde no se respiran grandes tecnologías, exuberantes decoraciones o elaborados platos. Aquí todo es simple, tranquilo y natural como pueden ser su comida o, las palmeras, enredaderas, macetas y arbustos varios que refrescan estos patios, y donde te puedes resguardar del plomizo sol veraniego a la sombra de un buen toldo.
“De buen seguro un soldado de los Tercios Viejos, disfrutaría de un apacible descansar con una buena jarra de vino de las bodegas señoriales de la Villa, en la misma mano con la que blandiera su acero.”
Su clientela es dispar, pero todos aprecian este lugar donde puedes mantener una conversación en todo relajado, sin alzamiento de voces. Donde tomar un café o un refresco es simplemente eso, sin transeúntes habidos de secar la lengua en especulaciones o rumores.
Esta taberna es digna de visitar, pues aún sin entrar en lo sagrado puedes disfrutar de lo mágico del lugar, esa magia que te ofrece la naturaleza y de las gentes a tu llegar.
GRACIAS