Cartas de una sombra

José Antonio Córdoba
26 de Agosto (VIII) (VII), (VI)(V), (IV)(III) (II) (I)
José Antonio Córdoba.-Se deshizo de su correaje y acero de contrabando, ciñéndose ese desgastado correaje que ha vivido tantas experiencias con él, cogió el acero y casi acariciándolo se lo enfundó. Tras guardarse el canuto, enrolló la tela y se la colocó a modo de bandolera. Abandonó la habitación, la posada y encaminó sus pasos a la puerta del Mar, según se aproximaba a ésta, pudo ver como la guardia estaba ocupada abriendo los grandes portones de la villa, hombres y bestias, ya esperaban a que los soldados diesen el permiso para abandonar la villa y empezar sus faenas. Arnaldo bajaba la cuesta hacia la orilla del río, de todas las falúas repartidas, solo de una se le aproximaba un hombre.


 Al darle el encuentro, lo llamó al extranjero por su sombre , indicándole lo acompañara, en ese corto trayecto le hablaba:«Mi Señor, en la falúa tenéis vuestras pertenencias, tal como se os a indicado. Además disponéis del uniforme de oficial de la Corona, que habréis de vestir una vez lleguéis a las Indias». Antes de que Arnaldo preguntara, su interlocutor se le adelantó informándolo que: «por vuestra seguridad, toda la información la iréis recibiendo a lo largo de su viaje, para que este se pueda ver comprometido. Deciros, que vuestra identidad en la villa acaba una vez subáis a esta falúa, en el navío nadie os preguntará pues vuestras credenciales han sido presentadas y aceptadas. Deberéis de aguardar en este viaje a un hombre que subirá a bordo en el puerto de las Canarias. Él os explicará el resto de los detalles que yo desconozco» Le hizo un leve saludo y sin más se dio la vuela y se confundió entre los porteadores de la orilla.
 
El barquero inició la aproximación al gran navío sin prestar atención a su pasajero. Una vez al costado del galeón, hombre y pertenencias subieron a bordo, una vez en cubierta un marinero acompañó al pasajero a su cámara. Arnaldo esperaba estar acompañado por hombres del navío pero no fue así, la dependencia estaba acondicionada con dos camastros, una mesa y banqueta, nada más. Abrió el arcón que le acompañaba, un uniforme de oficial del Rey , “ironías del destino”, pensó, lo apartó y bajo las prendas unos documentos. Carta de presentación del que era el verdadero oficial, y unos manuscritos con letras mas imperfectas, a estos últimos le prestó atención pues en ellos se le informaba de su nuevo compañero de viajes, y las instrucciones necesarias al llegar a las Indias. Mientras estudiaba los documentos el navío soltaba trapo. Pese a las órdenes recibida en la playa de Sanlúcar, Arnaldo subía a pasear por la cubierta, incluso mantenía conversaciones animadas con oficiales y marineros, siempre sin estorbar en sus labores. La historia continuará en:www.cartasdeunasombra.mex.tl
 

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