Cartas de una sombra
Pronto se quedaron solos en la sala de la taberna, pues la joven ya había regresado a la trastienda, los presentes miraron al hombre mayor y éste, meciéndose las barbas procedió a explicar al extranjero cuales eran sus negocios, y sus relaciones tanto con la corona, como con el señor de la villa. Y lo perjudicial de la presencia de expías de la corona en la villa. Tras estas palabras uno de los hombres de aspecto corpulento y serio, reveló a Arnaldo que sus hombres había apresado a dos expías de la Corona, no habituales en la villa, pues a esos los tenían comprados, y que dieron cuenta de ellos tras interrogarles. Ahora sí que el rostro del extranjero había cambiado, sus ojos denotaban cierta preocupación. Los villanos percatados de la preocupación del soldado rompieron a reír, cuando se hubieron calmado, le informaron de que los expías buscaban a un hombre, desconocían su aspecto, aunque era fácil distinguirlo por el acero que colgaba de su cintura, y que según les habían dicho era primordial para la corona encontrarlo, y dar aviso a la guardia real, se rumoreaba que viajaba con un tesoro incalculable propiedad de la Corona, aunque los mismos expías dudaban de que fuera cierto. Arnaldo ante este giro inesperado de los acontecimientos les relató a los presentes el motivo que le había llevado hasta la villa de Sanlúcar, y porqué le perseguían. Claro está que la historia contada a los presentes, no explicaba la realidad de su necesidad de embarcar a las Indias. Él relató a los presentes, como había sido capitán en los Tercios Viejos de España..

