Llegó el Rocío
Y llegó, y se irá, el Rocio, ese calambrazo o convulsión de cada año,indudablementealegre, colorista y sobrecogedor
Puede que así sea globalmente considerado, pero profundizando, personalizando, hay más, mucho más…
Existe lo que podríamos llamar el Rocío profundo, el Rocío secreto nunca exteriorizadoque acude sin alharacas, sencillamente a rezar y a pedir, y con el lenguaje libre y espontáneo del día a día, porque allí, a la Virgen, no se le reza, se le habla.
Aparte de esto, cristianos hay cuyo solo vínculo religioso es la devoción a la Blanca Paloma. Hombres de campo, gentes de manos duras achicharradas por el sol, amas de casa inmemoriales perdidas entre los quehaceres del hogar, ciudadanos , en suma, indiferentes, apartados de lo que llamamos práctica religiosa, y que están allí, celosa y puntualmente allí, a la hora justa porque contaron con los dedos las fechas que faltaban para Pentecostés o las señalaron en el almanaque de la cocina.
Sí, allí están luego de escuchar la misa de romeros, única quizá que oyen a lo ancho de doce meses.
Pero al menos oyen esta y, de alguna manera, se ponen en bien con Dios, como decimos aquí y seguro, seguro, que Dios sabe comprenderlos.
Porque, es verdad, que con el Rocio, siempre se puede herir la sensibilidad de algúnortodoxo de la fe. Le ha ocurrido a mucha gente y seguirá ocurriendo porque no es fácil casar la severa liturgia católica con el bullicioso y despreocupado acontecer rociero, donde el exclusivo oficiante y protagonista es el pueblo, el pueblo vivo que muestra espontáneamente sus maneras. Y el pueblo andaluz habla y obra en parábolas espléndidas, en hermosas metáforas cantadas por las cuerdas de guitarras mágicas, y coplas destellantes que, recopiladas, vendrían a componer la más plástica y fastuosa letanía jamás escritaa por nadie.
Esto desde fuera, pudiera no entenderse, pudiera no explicarse pero, de todas formas, no es cuestión de explicarlo o entenderlo sino de respetarlo. Qué menos.
