SanlúcarSur PonienteLargo
SanlúcarSur Ponientelargo Capítulo 52
Rezaba el convento entre las Descalzas y el patio, quizás para redimir las flaquezas y amorios de Doña Pepita Tudó con el Principe de la Paz, gaditana y goyesca, maja desnuda y amante revestida, soñadora entre las sabanas de seda , abanicos de marfil y su engreida mantilla.
Cazaba el foque, y ceñía la embarcación, corregía el rumbo, ahora 082 grados, rasgando las paredes, haciendo saltar astillas en la regala de babor y con escora pronunciada, sin reserva de navegabilidad, con la orza de madera trasparentándose cada vez más entre las aguas, como queriendo salir a superficie y acabar con la navegación del tostaki.
Hubo que corregir la derrota, amollar escota, de foque y de mayor, perder repentinamente la escora y derivar, ahora suavemente, hacia la fachada de las Descalzas. Era entonces cuandoel mástil asimilaba la verticalidad de la espadaña del convento, la espadaña y su veleta, y sobre esta una cruz, quizás mirando a poniente, como casi todo en este pueblo desde que de alli vivieran los oros americanos y las maderas nativas de caoba, ebano y nogal.
Ayer, tan solo ayer…
El tantán de la campanita del convento de las monjas había resbalado sobre la lluvia como un reguero de monedas. Era como la risa contagiosa de alguna niña traviesa que repicara candorosamente sobre la tibieza de la almohada y pespunteara los faldones de la primera claridad.
Hora de levantarse, hora de levantarse pese a todo y contra todo, incluida la bocanada de aire frío que entraba por el hueco del cierro, porque las diecisiete campanadas justas, pausa y punto sonoro, significaban el primer toque de atención para la misa de siete y media. Y desde hacía cuarenta y cinco años largos, desde aquella fastuosa mañana de abril perdida en el recuerdo, sólo en cinco ocasiones desperdigadas había faltado doña Claudia a su diaria cita con el Señor a las siete y media en punto.
Ayer, tan solo ayer…..
