Cartas de una sombra

José Antonio Córdoba
A mi padre (I):
José Antonio Córdoba.-Este fin de semana le colocan su nombre a una calle de nuestra localidad.De cómo, Cristo lo acercó a mi vida.
Querer reconocer tan grande milagro de Dios, es un atentado a la providencia divina, que el humano cree solventar con un azulejo.
No soy hombre de alma pura. Soy caminante de senderos oscuros, ávido de una senda de luz. Y hoy presiento en mi alma Señor, que he encontrado el ángel que me envías portador de un tenue pero eterno lucero.
Ha sido sin duda ese lucero él que ha iluminado mis pasos hasta aquí. Pero antes que la luz hubo las tinieblas…

De ésa forma, lo que empezara como “un algo sin importancia”; “un hacer por hacer”. Ha ido con el paso de los meses convirtiéndose, ¡en un trabajo! sino más bien en una “CAUSA”. Una causa, por la cual un hijo trata de recuperar del pasado el amor de su padre. Un amor exteriorizado en su personalidad y sus actos. Digamos en este punto, que si cuántos niños han salido de sus manos hubiesen cobrado vida; si cuantos rostros hablaran.
 
Tener por seguro -Hermanos y amigos- que el rumor de estos, no hubiesen sido silenciado jamás, por el pasar del tiempo. Desde la humildad de su persona y la simplicidad de su hábito. Ha dado más de lo que ha recibido. ¡Créanse muchos de pensar! – Que ello se debe a su vida monacal- ¡Y ello! no es cierto, lo que un espíritu o alma alberga, tengan presente que no se debe a una condición u otra; ¿Quizás le ha ayudado?, ¡tal vez! Existen hombres y mujeres que han sido tocados por la mano de la Virgen o de Cristo. Del hombre que hablo y al que me dirijo, estoy convencido de que ha sido doblemente bendecido. Tengamos en cuenta para ello, que, su sola presencia ha calmado las horas de sufrimiento de un hombre Santo. Sus manos, han creado lo que la mayoría de nosotros seríamos incapaces. ¿Sus manos?, las del propio Jesús. Se me olvidaba lo más importante, sus ojos. ¡Ojos!, que han visto a través de la Virgen.
 
Engrandeciendo aún más si cabe su alma y corazón. Una visión que se plasmó en una modesta pero hermosa obra Mariana. Es un hombre por encima de Fraile. Aunque difícil distinguir la línea que divide a ambos, ¡si es que la hay! Sus palabras han significado conocer esa parte de mi espíritu que me era tan desconocida. La cultura oriental, afirma que en todo ser humano se oculta un guerrero. Yo lo he comprobado, pues es el lado que predomina en mi personalidad. Todo guerrero necesita de una causa. Las mías han sido inestables pero, las fueron. Las ha habido, para bien y para mal. Sin embargo, era un espíritu amputado, le faltaba algo importante…

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