Apuntes de Historia L

Historia
Barquitos olvidados en el Barrio Alto (IV)
Manuel Jesús Parodi.-En los varios párrafos anteriores a este texto hemos venido considerando la existencia de diversos graffiti con la representación distintos tipos de barcos que se encuentran sobre la superficie del revoque (la superficie y el revoque que se conservan) que cubre el Muro medieval de la Calle Escuelas, en el corazón del Barrio Alto. Como hemos señalado, este Muro (situado hoy día en un patio de una edificación moderna entre la Calle Escuelas y la Plaza de la Paz, como sabemos) puede incluso pertenecer a la cerca de muralla medieval de Sanlúcar, una cerca de muralla que podría remontarse a época almohade o incluso al período almorávide (anterior aún), con un horizonte cronológico que se encontraría entre los siglos XI y XIII y que definiría el perímetro del que podría ser el núcleo habitado amurallado principal (el “hisn”) de la Sanlúcar de aquella lejana época.

El fragmento de lienzo de muralla conservado hasta nuestros días, del que cabe señalar que ha sobrevivido a siglos y siglos de Historia y de avatares de lo más diverso, y del que hacen mención algunas fuentes historiográficas, como el siempre mencionado historiador ilustrado Juan Pedro Velázquez Gaztelu, podría guardar relación con una de las torres del tan mencionado Castillo de las Siete Torres, como venimos señalando, tratándose quizá (en todo o en parte) de la misma estructura que sabemos por las referidas fuentes historiográficas que pudo haber albergado al Cabildo original de la ciudad, anterior al conocido (y conservado pero remozado) edificio del “Cabildillo”, ya adscrito a un período posterior, del siglo XVI.
 

En cualquier caso, y como hemos apuntado ya con anterioridad, si el citado Muro puede pertenecer a un horizonte temporal como el señalado (de los siglos XI al XIII), de las capas del revoque que lo cubre aún (parcialmente) podría pertenecer a un momento adscrito a varios siglos más tarde, a los siglos XV-XVI, y es precisamente sobre este revoque donde se encuentran esgrafiados distintos modelos de embarcaciones a las que venimos prestando nuestra atención en los hasta ahora últimos párrafos de nuestra autoría.
 
Llegados a este punto, habrá que considerar, siquiera sea breve y someramente, algunos, sólo algunos, de los tipos de embarcaciones que podían habitualmente surcar las aguas de estos entornos en los tiempos a caballo entre los siglos XV y XVI (precisamente el momento histórico al que probablemente corresponden los graffiti a los que venimos dedicando nuestra atención en estos últimos textos), atendiendo a lo que sobre ellas nos dice el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (DRAE) y dedicando algo de tiempo (y algunos párrafos) a este particular.
 
De este modo, entre otros modelos de embarcaciones capaces de surcar las aguas marinas y habituales en el que fuera el paisaje de Sanlúcar y el Golfo gaditano en los últimos años de la Edad Media y los principios de la época Moderna, podemos citar a la “Pinaza”, de la cual el DRAE (en la segunda acepción del término) dice que se trata de una “embarcación pequeña, estrecha y ligera de remo y de velas, que se usó en la Marina mercante”.
 
Otro tipo de nave era la “Zabra”(del árabe hispánico “záwraq”, y éste del árabe clásico “zawraq”); siempre de acuerdo con el DRAE, se trata de un “buque de dos palos, de cruz, que se usaba en los mares de Vizcaya en la Edad Media y principios de la Moderna”. Aunque sólo podamos aventurarlo, cabe pensar que quizá gracias a las nada anecdóticas conexiones existentes entre Sanlúcar y las tierras del Norte podrían haberse visto zabras por estas costas hace quinientos años, por lo que estos barcos septentrionales podrían incluso haber asomado sus proas por estas aguas del Meridión peninsular, al calor de dichas relaciones.
 
Con el término de “Carraca” nos encontramos con un tipo de embarcación extraordinariamente popular y conocida (en su época y a posteriori), que formó parte plenamente del paisaje (físico e intelectual) de una época, a la par que con una palabra que ha llegado a servir incluso para generar toponimia (como sucede, por ejemplo, en un contexto tan cercano a nosotros como el propio ámbito litoral de la actual Bahía de Cádiz, como veremos unas líneas más adelante). Acerca de la carraca (que proviene quizá del árabe hispánico “ḥarrák”, aunque hay quien lo relaciona con el normando “drakkar”), y en lo relativo al mundo náutico, el DRAE nos proporciona tres acepciones (todas en femenino): “antigua nave de transporte de hasta 2000 t., inventada por los italianos”; (despect.) “barco viejo o tardo en navegar”; “sitio en que se construían antiguamente los bajeles”.
 
Este tipo de nave, la carraca, evolucionaría hasta dar forma al galeón, que habría de ser el gran protagonista de las navegaciones oceánicas en el siglo XVII, y que se vería sustituido a su vez por los navíos (habitualmente de dos y tres puentes, como los que combatieron -por ejemplo- en Trafalgar), que dominaron los horizontes navales europeos en el siglo XVIII; pero en el siglo XVI (y ya desde el XV), la carraca sería uno de los grandes actores del mundo naval europeo, con una clara orientación hacia su empleo en el comercio y las grandes distancias, y ello sin descontar sus usos militares, en una época en que comercio y guerra iban de la mano y las diferencias entre funciones de las naves no era tajante ni total.
 
Y en lo tocante a lo que mencionábamos sobre la existencia de algún topónimo con el nombre de “Carraca”, en el actual término municipal de la gaditana localidad de San Fernando (término al que pertenece sólo desde el año 1925: desde el siglo XV pertenecía a Puerto Real) existe el pago de “La Carraca”, hoy isla entre canales, esteros, caños y marismas semidesecadas, nombre que en una de las acepciones que veíamos con anterioridad era uno de los que venían a definir a los lugares en que se construían embarcaciones (como atarazanas, drassanas, o astilleros), un lugar que en efecto se encuentra históricamente relacionado de forma muy íntima con la construcción naval (y más especialmente con la militar)
 
La “Nao” (del latín “navis”, de donde procede asimismo el término catalán “nau”), o “nave” (según lo contemplado, una vez más, en el DRAE) cuenta con varias acepciones a considerar: 1.f.“barco(construcción capaz de flotar)”; 2.f.“Embarcación de cubierta y con velas, en lo cual se distinguía de las barcas; y de las galeras, en que no tenía remos. Las había de guerra y mercantes”; 3. f.“Cada uno de los espacios que entre muros o filas de arcadas se extienden a lo largo de los templos u otros edificios importantes”; 4.f.Cuerpo, o crujía seguida de un edificio, como almacén, fábrica, etc. De estas definiciones de la “nao” que hemos presentado, y en relación con el tema que nos viene ocupando, nos interesan especialmente las dos primeras, que son las que se relacionan directamente con el contexto naval.
 
Entre los barquitos que aún navegan surcando de perfil los mares pétreos, verticales, de nuestro Barrio Alto, de nuestro casco histórico, del corazón más antiguo de una ciudad -Sanlúcar- que quizá entonces empezaba a serlo plenamente (o quizá se recuperaba de un sueño de siglos), pueden encontrarse las representaciones (arañadas sobre la pared) de pinazas, naos, carracas, cocas, zambras, e incluso esquifes, galeras, y quién sabe si galeones.
 
“Naves redondas”, comerciales, “naves largas”, militares, barcos mayores y barcas menores, en el Muro de la Calle Escuelas, en el Castillo de Santiago, en el paisaje de Anton van Wyngaerde, conforman el “Catálogo de las Naves” de Sanlúcar.

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