Cartas de una sombra

José Antonio Córdoba
Nacemos a una nueva vida
José antonio Córdoba.-Estimadas hermanas y hermanos que en la Legión tenemos nuestra mayor Gloria, les felicito de corazón ante la proximidad de las fiestas navideñas.
Fechas éstas en las que celebramos el nacimiento de nuestro mayor referente espiritual, el Hijo de Dios, quiero recordar para quienes hemos  vestido o visten el uniforme de la Legión, que nuestro espíritu no se hace como “el hábito no hace al moje” Así como nació Jesús, nacimos nosotras y nosotros, que por uno u otro motivo terminamos viviendo en la sombra del más grande hombre que ha dado la historia de este glorioso cuerpo –que no han sido pocos- nuestro Fundador C.L. D. José Millán Astray (q.e.g.e)

Hermanas y Hermanos nosotras/os que tenemos en mayor honra a nuestro Señor en la Cruz, que vemos la muerte no como un fin sino como el más grande de los principios, nos toca vivir estos días con el mayor de los regocijos. Nace un año más nuestro espíritu consagrado en la figura de Jesús Infante, que viene al mundo para darnos un espíritu rejuvenecido, para renovarnos en esperanza y fe. Él viene al mundo para recordarnos que somos Damas y Caballeros de la Legión por un motivo, que del mismo modo en que el nació, nosotras/os nacimos; que del mismo modo en que vivió para los más necesitados, así los habremos de hacer nosotras/os; que del mismo modo en que él murió por defender al débil y su fe, ¡así, así es como debemos de hacerlo nosotras/os!

 
La inocencia de un recién nacido debe ser para el Caballero Legionario o Dama Legionaria, la esencia misma de su vida, con o sin uniforme, empuñando un arma, un bolígrafo, una pala, conduciendo o simplemente descansando.
Somos  “Novios de la Muerte”, ¡bien es verdad!, pero no lo es menos que amamos por encima de todas las cosas, ¡la Vida!, así anteponemos la vida del prójimo a la nuestra y ello no nos honra, ¡NO!, ello solo nos hace merecedores de ocupar un lugar digno a la Diestra de Dios Padre.
 
Pronto nacerá nuestro Señor, origen y fin de muchas letanías y cabe la posibilidad de que no escuche las que nosotras/os le dirigimos, pero no por ello pensemos que nos ignora, pues ocupamos un lugar especial ganado con la vida y sangre de hermanas/os, y de buen seguro que en última instancia nuestras oraciones serán atendidas, y más cuando nuestras oraciones van en favor de los demás.
 
Que Dios bendiga a esta sagrada hermandad que somos los Caballeros Legionarios y las Damas Legionarias, a nuestras familias y a las Hermandades de Antiguos Caballeros Legionarios que tan histórica labor desempeñan.
 
 

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