Cartas de una sombra

José Antonio Córdoba
¡Jodío Parot!
José Antonio Córdoba.-En pocas ocasiones nos damos tiempo para reflexionar sobre el camino por el que va nuestra vida. Trabajo, familia y amigos son la constante necesaria e indispensable para medirnos; pero rara vez o nunca, pensamos en nuestro actuar como ciudadanos, en lo que significa haber nacido en un país y la responsabilidad que se desprende de este hecho. Patriotismo es el valor que procura cultivar el respeto y amor que debemos a la patria, mediante nuestro trabajo honesto y la contribución personal al bienestar común.

El patriotismo no es solo el orgullo de haber nacido en un país con recursos o gran tradición cultural; significa vivir fuera de nuestra patria los colores de nuestra bandera. Es un esfuerzo humano  de todos/as y cada uno/a de nosotros/as para hacer mejor a nuestro país y a nosotros mismos. Debemos de garantizar nuestra productividad moral y cívica, amando a nuestra patria, pues amándola a ella garantizamos la seguridad y estabilidad de vida que las personas necesitan para desarrollarse. Cuando hemos cimentado bien nuestros valores cívicos, es cuando empieza a nacernos esa preocupación en ayudar a los demás, no solo a nivel nacional sino internacional.
 

El trabajo, la conducta, modales, respeto a las normas, a las costumbres, estos son los valores que forjan al patriota. El patriota se queja de su nación observando sus errores y deficiencias, pero al mismo tiempo busca y propone medios para poder solventarlos, pues no se limitar a ver como se desmorona su patria de brazos cruzados.
 
Se habla de la enseñanza de los valores cívicos en las aulas, pero el problema erradica en cuanto que el alumno deja el centro escolar, pues en el entorno que se maneja carece de esos valores, tirando al traste todo esfuerzo educativo.
 
La manera de comenzar a vivir y transmitir a los demás la importancia de vivir este valor, no se logra necesariamente con grandes campañas, todas son muy buenas e indispensables, pero se necesita del trabajo y esfuerzo diario de cada uno de nosotros.
 
Pero ahora llegan unos capullos y dicen que debemos de dejar en libertad a asesinos, violadores y demás, amparándose en un imperativo legal. ¿Dónde estaba el imperativo legal del derecho a la vida de las víctimas del terrorismo? ¿Dónde estaba el imperativo legal del derecho a la dignidad como persona que han arrebatado los violadores?
 
Ahora nos salen estos idealistas juristas defendiendo el fallo del tribunal de Estrasburgo. Señores juristas, ¿alguno ha sufrido la pérdida de un ser querido por terrorismo? ¿Alguno ha sufrido que  violen a su mujer, hija, hermana, etc.? ¿Alguno ha convivido día a día con los familiares directos de las víctimas, viendo como la alegría que tenían “antes de” ahora no está? ¿Alguno ha ido a explicarle a esos niños que han aquedado huérfanos por qué su madre o su padre hoy no los llevará al colegio o no los podrá abrazar, etc.?
 

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