Sindicalismo o política.
¿Tan cobardes somos que nos quedamos de brazos cruzados mientras se ríen de nosotros en la cara a través de Telenina? José Luis Zarazaga.-Hoy, después de reflexionar una pequeña temporada, este humilde desarticulista ha llegado a la conclusión de que en todos los estamentos se establece una tremenda diferencia de clases. Mi pregunta es la siguiente: “¿Por qué ciertos trabajadores gozan de un sinfín de privilegios mientras los demás somos incapaces de reaccionar?”
Cuando hablamos de castas todo el mundo tiene presente a la India, pero se define concretamente por la idea de la estratificación y la clasificación. En toda empresa existe un nivel de estratificación pero el problema surge cuando uno de esos estratos constituye una casta social cargada de privilegios. No me voy a referir a los políticos, esos serían considerados los Brahmanes, ya tenemos bastante con aguantar que se sientan por encima de todos nosotros, se salten sus promesas a su antojo y hagan y deshagan lo que les venga en gana.
Estos se definirían por haber convertido la mentira en una costumbre, por subir los impuestos a su antojo o en su caso inventarse lo que crean conveniente. Ellos viven en su mundo, pueden hundir Sanlúcar e irse de rositas, eso sí, como cometas, por ejemplo, el error de olvidarte de pagar la contribución prepárate que estarás marcado para los restos al igual que Caín.
Es muy extraño que recibiendo el ciudadano de a pie todos los golpes que recibe no salte a la calle y acabe con los abusos. Me pregunto lo siguiente: ¿Tan cobardes somos que nos quedamos de brazos cruzados mientras se ríen de nosotros en la cara a través de Telenina?
Extraña cuestión y más difícil sería dar con la respuesta. Pero dejando de lado al político hay otra cuestión que empieza a preocuparme en lo que es la casta de los trabajadores, ya no es la cobardía, es la impotencia de ver que no podemos hacer nada por defender nuestros derechos porque hemos caído en una trampa muy bien estudiada.
El sindicalismo tanto a nivel nacional como el que se practica en cualquier Comité de Empresa está viciado y está empezando a utilizar el mismo método que se comenzó a utilizar en el Siglo XVIII para controlar a los esclavos que conformaban la mano de obra de las plantaciones.
El sistema es muy complejo pero se ha adaptado perfectamente a nuestros tiempos e incluso se le han añadido aspectos que lo diferencian del sistema primitivo pero lo hacen más eficaz. Debemos de comentar que se pensó para utilizarse en una dictadura férrea pero paradójicamente como mejor funciona es una democracia.
En definitiva el sistema es sencillo y eficaz, otra cosa es que sea económico. El sistema permite, en este caso al Equipo de Desgobierno, que el trabajador no se le tire encima y con solo implantarlo una vez durará siempre ya que es el propio Comité el que se encargará de mantenerlo y transmitírselo a sus afiliados o mejor dicho subordinados.
Lo primero que debe de hacerse es separar a los trabajadores por grupos, cosa muy lógica en cualquier Administración que se precie, esto no se puede definir como negativo. Lo segundo es enfrentar a la Administración con los ciudadanos y esto se logra a través de los medios desinformativos que crean la impresión de excesos o los magnifican haciéndonos ver al resto de los ciudadanos que todo el monte es orégano.
Una vez conseguido esto entramos en la fase más delicada, es el divide y vencerás, se siembran puntos de crispación para que los grupos se peleen entre sí. Esto se logra a base de gratificaciones según criterio del político de turno o de la presión que pueda ejercer una de las castas.
Hay que señalar que esta crispación o enfrentamiento entre castas es muy importante para el funcionamiento del sistema. La familia trabajadora es el núcleo básico de la empresa y no es bueno para el sistema que dicha familia permanezca unida, es mucho mejor que se disperse y así el trabajador aprenderá conceptos tan importantes como la falta de solidaridad y la denuncia del compañero.
Como resultado de todo esto tendremos una ambiente donde reinará la intolerancia, pero siempre habrá que tener presente que será un ambiente democrático donde se nos inculcará que como trabajadores todos tenemos los mismos derechos y obligaciones. Y digo yo: ¡y una mierda con todas las letras!
De este modo tan sutil el trabajador se convierte en policía, se criticaran mutuamente y el odio se disipa entre ellos, sin darnos cuenta de que lo que ahora recriminamos vendrá luego en nuestra contra. La lucha que tendría que dirigirse contra quien acaba con todos los logros conseguidos nunca llegará a subir. Ya se sabe que un colectivo de trabajadores que permanecen unidos jamás serán vencidos, así que lo interesante es que los trabajadores se mantengan lo más separados posibles.
Y se preguntarán mis sufridos lectores lo siguiente: ¿y el Sindicato qué papel juega en todo esto?, la respuesta es muy sencilla: “es el instrumento que da pié al político de turno para poder utilizar el recelo y la discordia de los trabajadores”
Y me vuelvo a preguntar lo siguiente: ¿Qué podemos hacer para acabar con esta lacra? Sinceramente pienso que nada o muy poco. Salir de dicho sistema no se logrará nunca de la noche a la mañana y además la clase trabajadora tendría que estar unida. El sistema ha educado al trabajador dando lugar a la insolidaridad. Algunos no se molestarán en leer este artículo (demasiadas letras) y mucho menos en interpretarlo
Este humilde desarticulista lo único que hará es aportar un granito de arena difundiendo y opinando con total libertad en este nuestro medio digital.
Lo primero que debemos de hacer es identificar al enemigo del trabajador, no se trata de quejarse porque ciertos colectivos hayan conseguido una mejora laboral, hay que lograr que esa mejora sea igual y en justicia para todos.
Para no extenderme en demasía aclarar que llegados a este punto el político no es la mayor de mis preocupaciones, la mayor de mis preocupaciones la constituye el sindicalismo, ese sindicalismo que en teoría no colabora con el político pero que mira hacia otra parte y no hace nada por resolver los problemas que aquejan a los trabajadores. Al igual que al político solo les interesa una cosa y esta llega cada cuatro años y no es más que el voto.
En resumidas cuentas solo puedo finalizar pidiendo tolerancia y a la hora de votar pensemos bien, no a quien vamos a votar, sino si merece la pena votar o no. La ausencia de voto sería lo único que llegaría a alterar el orden establecido.
Actualmente no conozco a ningún sindicato que sea capaz de responder a una pregunta sin irse por las ramas. No hay nadie que sea capaz de responder a una pregunta con un simple “SI” o “NO”, si encuentro algún día alguno que me hable claro, sin pelos en la lengua, le votaré sin preocuparme de que siglas represente. Pero mientras no ocurra esto me quedaré en casa y que le voten los ilusos, quizás de este modo logremos que algo mejore.
Como soy ateo y republicano por la gracia de Dios no he podido perder la fe ya que nunca la he tenido, sino simplemente que ya está uno harto de tanta mierda.
He dicho………
