Como nosotros
¿Hasta dónde estaríamos nosotros dispuestos a llegar si masacran a nuestras familias, los unos y los otros, si nos condenan al hambre, si nos tratan, no ya a nosotros, a los nuestros, a nuestros hijos, como ratas? La cucharada que iba a meterme en la boca se detuvo, en el aire y me quedé mirándola, dudando entre contarle la verdad, o contarle otro cuento, como esos que contaba Sherezade al sultán para evitar con ese encandilamiento que sentía el sultán por la narrativa, la muerte, el degüello.
Es esa distancia infinita que sentimos frente a otros seres humanos, la que nos lleva a valorar la incidencia electoral que puede tener una agresión militar contra Siria. Lo que subiría el petróleo, la caída ya completamente en picado del turismo en todo el norte de África, los costos de la reconstrucción, el desgaste de los mandatarios implicados en la posible coalición de bombarderos.
Como estamos seguros de que no se querrán como nosotros, según entendía mi hija, incapaz de comprender tanta miseria moral, tanta mierda, nos ocupamos de estas menudencias de la vida, cuando estamos prometiéndoles la muerte.
¿Hasta dónde estaríamos nosotros dispuestos a llegar si masacran a nuestras familias, los unos y los otros, si nos condenan al hambre, si nos tratan, no ya a nosotros, a los nuestros, a nuestros hijos, como ratas? ¿Hasta qué punto se elevaría la espiral de venganza si fuésemos nosotros?
¿Y si, al final, pese al desastre y a las bombas que dan a la muerte rango cotidiano, esta gente se quiere como nosotros nos queremos?
