Devoción mariana 2ª parte

Cofrade
L{jcomments off}a devoción mariana de Sanlúcar Parte II   Parte I
Enrique Romero Vilaseco.-Santa María de Barrameda (Desaparecido Monasterio de Jerónimos).Según el historiador sanluqueño Velázquez Gaztelu, la ermita de Santa María de Barrameda de templarios existía ya en 1270, siendo convento de jerónimos desde 1440. Quizás fue la ermita y advocación más antigua con que contó Sanlúcar y una de sus devociones más arraigada entre los hombres de la mar. La primitiva imagen de Ntra. Sra. de Barrameda fue la Patrona de este pueblo y a Ella recurría con fiestas, procesiones, rogativas y votos en sus más urgentes necesidades. El nombre de Barrameda lo recibe del Puerto antes llamado de Barrameda y hoy conocido como Puerto de Bonanza. Existía una talla de candelero en la Casa Marqués de Arizón que respondía al nombre de Ntra. Sra. de Barrameda, quizás fuera la que sustituyera a la antigua imagen. El paradero actual de dicha talla de candelero no lo sabemos con certeza, aunque nuestras últimas averiguaciones nos lleva a una familia de la ciudad de Jerez de la Frontera que serían los actuales dueños de esta querida advocación sanluqueña.

La Virgen del Rosario: La Galeona (Parroquia de santo Domingo)
 

La devoción a la Virgen del Rosario en Sanlúcar se remonta 1493, en que el Papa Alejandro VI concede a don Juan de Guzmán, III duque de Medina Sidonia, una bula expedida en Roma para edificar en Sanlúcar de Barrameda, junto a su palacio, una capilla con la advocación de Ntra. Sra. del Rosario. Dicho esto, centrémonos en la devoción a la imagen de la Virgen del Rosario del convento de dominicos de nuestra ciudad. En la de Santo Domingo nos podemos encontrar con una finísima talla de Ntra. Sra. del Rosario que navegó muchas veces a América, por ser la que se embarcaba en la capitana de los galeones cuando navegaban desde este puerto sanluqueño. De ahí recibió el título de la Galeona. Nos cuenta el historiador Velázquez Gaztelu: ”que mucho antes de la Batalla de Lepanto, hubo en Sanlúcar devoción y cofradía del santísimo Rosario, y que su residencia desde tiempo inmemorial es en Santo Domingo”. Y continúa diciendo:”En la propia bóveda del Rosario yacen los cadáveres de cinco caballeros gobernadores de esta ciudad”. Dichos caballeros pertenecieron a órdenes como la de Calatrava o a la de Santiago. A la Virgen se le dedicaba culto en sus fiestas mensuales como en su solemne octavario, amén de su procesión por las principales calles del barrio bajo. Por otro lado, la devoción de Sanlúcar a la Virgen del Rosario también la podemos percibir en el convento de monjas dominicas de Madre de Dios, en cuya iglesia, en su altar mayor, podemos contemplar una magnifica talla policromada de la Virgen del Rosario. Y ya que hablamos de este monasterio, quiero citar también otra gran devoción mariana sanluqueña que suscita el fervor de las monjas dominicas y del pueblo sanluqueño. Me refiero al milagroso cuadro de la Virgen del Sudor, que sale de su clausura en solemne procesión hasta la iglesia todos los 24 de enero, regresando de nuevo al interior del convento el día 2 de febrero, una vez celebrada su novena.
 
Ntra. Sra. del Carmen
 
La patrona de los marineros es sin duda alguna la advocación más extendida y la de mayor presencia en nuestro pueblo. La devoción que Sanlúcar le profesa a la Reina del Carmelo se constata claramente en los numerosos edificios religiosos dedicados a la Virgen del Carmen. El fervor que los sanluqueños le profesa se extiende por los cuatro puntos cardinales de nuestra ciudad. Desde aquella primera ubicación en el Palmar de San Sebastián donde se asentaron los carmelitas calzados en 1641, hasta el centro de la calle Ancha, donde estuvo situado el desaparecido Teatro Principal; desde el antiguo convento de carmelitas descalzos, en lo que hoy es sólo la parroquia del Carmen, pasando por la capillita del Carmen junto a lo que fue la Plaza de la Ribera, hasta el convento de Madres Carmelitas Descalzas; desde la capillita del Carmen de Bajo de Guía, pasando por el callejón de la capillita que desembocaba en la playa, hasta la iglesia del Carmen de Bonanza, la presencia de la Reina del Carmelo ha sido y sigue siendo testigo de la vida de los sanluqueños. Creo que es casi imposible encontrar algún otro lugar en la geografía de nuestro país que cuente con mayor cantidad de sitios donde la Virgen del Carmen esté presente. De ahí, que esta devoción carmelitana merezca por méritos propio está inscrita con letras de oro en el libro mariano de Sanlúcar, porque desde siempre ha estado presente en la historia de este pueblo marinero y mariano.
 
La Virgen del Rocío (Iglesia de san Jorge)
 
La advocación de Rocío es otra de las grandes devociones marianas sanluqueña. Cuenta la historia que la Hermandad de la Virgen del Rocío es la primera que se fundó como tal, de ahí, que en el trascurso de los siglos, fuese una de las cinco Hermandades Filiales Fundacionales. Al principio, al parecer, peregrinaba a la ermita de la Aldea de El Rocío bajo la advocación de María de los Remedios, luego de la Rocina y hace unos siglos del Rocío. Sus principios datan del siglo XIV, y tiene su primera sede en la Iglesia de Ntra. Sra. de la O. Los señores Duques de Medina Sidonia, y Casa de Guzmán, fueron los primeros protectores de la devoción, pasado algunos años, sobre el siglo XV, la Casa Ducal le dio traslado a la Iglesia de la Merced, regida por la Orden de los Mercedarios. La hermandad fue fundada oficialmente el día 25 de abril de 1677, fijando su sede canónica en el Convento de Santo Domingo, de la Orden de Predicadores. Casi a finales del siglo XIX, pasó a la Iglesia de San Francisco y a partir de 1947 fue nuevamente trasladada a la Iglesia de San Nicolás de Bari. Por fin, el día 26 de enero de 1986, se llevó a efecto el traslado a de San Jorge, perteneciente a la Iglesia Católica Inglesa, donde permanece actualmente. De esta manera la devoción a la Virgen del Rocío ha recorrido buena parte de la fisonomía sanluqueña, viviendo en la actualidad un enorme auge, haciendo de la Hermandad y devoción a la Virgen una de las grandes manifestaciones religiosas de la ciudad, cuyo punto álgido se vive en la salida hacía la ermita del Rocío y en los momentos que se vive durante el camino y los días grandes de la Romería de la Virgen.

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