Virgen de Regla

Cofrade
Mi Señora de Regla
Al Padre Jesús España que desde San Francisco el Grande, en la ciudad de Madrid, añora a su Virgen de Regla y las puestas de sol de  Chipiona.-Mi primer pensamiento de la mañana me lleva hacia ti. La última oración de la noche es un recuerdo a tu presencia. En los días de alegría y de alabanza tu nombre resuena en los oídos con esperanza y gozo. En los días de tristeza y desamparo, siempre el recuerdo de la Virgen de Regla me acompaña. Y está será la súplica y el recuerdo de tantos devotos y devotas a la Señora de Regla. ¿Dónde iré lejos de tu mirada? ¿Dónde iré que no te recuerde? Es algo tan vivo, tan sentido, que no es para momentos de especial sentimiento, sino que es una devoción profunda que nace del reconocimiento de esta Bendita Mujer como la Madre de Dios, y que de esa contemplación vamos a la imitación de sus virtudes.


La Virgen de Regla es para mí, como para tantos otros, guía y esperanza.

 
Faro que nos alumbra allí donde estemos. Esperanza que nos hace vivir con alegría la presencia de la Virgen Madre. Guía que nos conduce a Jesús, en la Eucaristía.
 
Hablar de la Virgen de Regla es trasladarse a su singular santuario de Chipiona, donde la luz adquiere tonalidades únicas. Sus vidrieras reflejan la claridad salada de sus playas, iluminando el rostro de La Señora con tal sutileza y diversidad de matíces que será difícil de olvidar.
 
El deambular de los fieles a los pies de La Señora buscando ese momento de complicidad e intimidad en la oración. La marea de devotos que sube y baja por las escaleras del camarín. El recogimiento franciscano. La estampa del santuario erguido hacia el infinito sobre un fondo de azules cielo y mar. El ejemplo de un pueblo que se llamó Regla de Santa María antes que Chipiona, rendido a los pies de su patrona. La historia con raíces de leyenda o la leyenda con raíces de historia. Todo esto hace que la Virgen de Regla, el Santuario, los franciscanos y Chipiona formen los vértices de un cuadrado de espiritualidad único que nos acerca a nuestro Señor Jesucristo.
 
La Virgen de Regla y su Santuario forman el epicentro espiritual que nos atrae con un vigor sobrehumano a devotos de lugares cercanos y no tan cercanos.
 
Peregrinamos al Santuario para llegar a la Virgen, andando en muchas ocasiones, y Ella nos recibe con sus brazos abiertos, presentándonos al Niño Coronado, siempre recordándonos su gran mensaje: “Haced lo que Él os diga”. Allí nos encontramos a los hermanos franciscanos que nos ofrecen el abrazo fraterno de Paz y Bien y siempre dispuestos a darnos el perdón del sacramento de la reconciliación.
 
La devoción a la Virgen de Regla trasciende las fronteras de Chipiona, conquistando el corazón de los peregrinos que acuden a su Santuario desde los más dispares puntos de la geografía española.
 
Cuentan las crónicas, que cuando se marcharon del Santuario sus antiguos guardianes, los Agustinos, durante la exclaustración, la Virgen estuvo en la parroquia.
 
En una visita de María Luisa Fernanda y su familia, el párroco les explico la historia de los milagros de la Bendita Señora. El interés que despertó en esta familia fue tal, que se preocuparon de la restauración de la antigua ermita, pudiendo así volver la Virgen a su morada. Después, en el año 1882, vino desde Santiago de Compostela el Padre José Lerchundi para fundar un colegio de misioneros para marruecos y Tierra Santa. Él fue el primer franciscano que pisó las tierras de Chipiona.
 
Sanlúcar y los sanluqueños siempre permanecieron muy unidos a la devoción a la Virgen de Regla. En 1656 se llevaron a la Señora a Sanlúcar en prevención por la presencia de la Escuadra Inglesa en las Costas de Chipiona.
 
Como caso curioso, y tal vez poco conocido, entresaco de las crónicas conventuales del convento de Capuchinos de Sanlúcar, el momento, en el año 1932, en el que entraron en dicho convento con la intención de saquearlo y quemarlo: “los cabecillas del asalto eran más borrachos que otra cosa y en unas horas se habían bebido todo el vino que habíamos acumulado, por lo que se salvó el santuario de Nuestra Señora de Regla, pues tenían el propósito de seguir a Chipiona para quemarlo”.
 
Gracias a las viñas y a los caldos del convento de capuchinos de Sanlúcar, nuestra Virgen de Regla sigue oyendo nuestras plegarias y amparándonos desde su santuario franciscano de Chipiona.
 
Quedó grabado mi devoción a la Señora el día de mi adolescencia que recibí el Sacramento de la Confirmación a sus plantas.
 
¿Dónde iré lejos de tu mirada, Bendita Señora? ¿Dónde iré que no te recuerde?
 
Ya lo sabes Señora, donde yo esté, tu vienes conmigo.
 
Fray José de Sanlúcar
Capuchino

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