Cartas de una sombra
José Antonio Córdoba.-Son muchos los grandes que de Sanlúcar y su río, pensamientos han plasmado con tinta.Aunque el río es grande en su longitud, no es menos verdad que es en su desembocadura donde se plasma su belleza. En su nacimiento castillo, anfiteatro y escarpados desfiladeros marcan el lugar con una magia especial. Sus aguas tímidas en el nacimiento según las lluvias, con el descenso van adquiriendo cuerpo majestuoso y suntuoso. He estado en un lugar privilegiado desde donde se domina el cauce del río Betis, Almodóvar del Río. Como no podía ser menos en mí, tuve la oportunidad de acceder a su castillo, situado éste en una elevación escarpada cuya falda es bañada por las aguas del río.
Desde sus torres, se puede observar como éste discurre por la campiña verde con un trazado suave y elegante que enamora. Situándonos en la entrada principal podemos observar como la ciudad árabe de Córdoba lucha por retener para sí la hermosura de las aguas cálidas de su amado al-wadi al-kabir, pero este sabedor de su grandeza se aleja de la Córdoba mora, acaricia Almodóvar, sigue dibujándose elegante hacia tierras de otra ciudad mora, grande, hermosa y celosa. Allí sabiéndose galán de tantas culturas su ego florece y toma grandes anchuras.
Desde Sevilla, reino de califas, sigue discurriendo tornándose más elegante y coqueto, siéntese orgulloso de que por sus aguas, grandes e importantes navíos han navegado y navegan. Sus aguas han sido agasajadas con oro y plata, especias y sedas. ¿Quién ha vestido a moros y cristianos?, si no han sido más que sus aguas.
Conforme se acerca su encuentro con el mar de Atlante, su ego se transforma en historia y leyenda, es testigo mudo del amor del hombre por sus aguas, por sus riveras, por sus marismas.
No hace mucho para la historia de la Naturaleza, que las gentes lo nombraron río del mundo. Hubo una época no muy lejana que las aguas de su desembocadura concentraron historias y empresas humanas en forma de navíos.
Fue una de estas empresas, sueño de navegantes, las que con el paso del tiempo para lo mortal, encumbró al majestuoso al-wdi al-kadir en faro y guía de la evolución de esa raza que se tiene por humana.
Es aquí donde se junta con el mar, que el río de tartesios, fenicios, romanos, vikingos, árabes y cristianos muestra toda su belleza y esplendor. Es aquí donde nace y muere una romance sin fin, entre el río, el océano, el sol y la luna, siendo testigo privilegiada la villa de Sanlúcar.

