Sin pelos en la lengua
Sanlúcar Barre-tu mierda
El Mirabreño.-Cuando escribo este penúltimo artículo (y digo esto ya que con el próximo, El Mirabreño, terminará su serie de escritos y se irá a vivir lejos de esta querida tierra que le vio nacer), se está celebrando el último día de las Carreras de Caballos de este año. Imagino, -pues no he seguido TeleIrene, ese caprichito de la Alcaldesa que nos cuesta 233.000 euros anuales-, que por los micrófonos y cámaras de dicha tele, habrán pasado políticos y politiquillos, empresarios y mediopensionistas, personajes y personajillos, famosos y famosetes, pijos y lo más “granado” del tonteo no sólo sanluqueño, sino incluso nacional. Todos ellos, como corderitos bien amansados o con la lección bien aprendida, habrán soltado mil piropos y palabras manidas y gastadas para elogiar las exquisiteces de nuestra tierra.
Ya los imagino diciendo a todos proclamando el mensaje trillado y consabido, esa cantinela reiterativa y monocorde de adjetivos y esa retahila cansina. Es como una letanía compuesta por invocaciones como: manzanilla, langostinos y acedias, puesta de sol, Doñana, buena gente, inmejorable clima, hipódromo de ensueño, palcos y buen ambiente, playa y río…, y un largo etcétera. De seguro que nadie ha dicho ni media palabra ni ha dejado caer nada de las otras caras de Sanlúcar, porque haberlas haylas, como las meigas gallegas. Ni por supuesto a nadie se le habrá ocurrido dejar caer aunque sea de soslayo, la suciedad y mierda que presentan las calles de nuestro pueblo.
El Mirabreño, en su peculiar deambular por casi todos los rincones de nuestra Sanlúcar, tuvo la desdicha de oír los comentarios que esgrimían un grupo de visitantes foráneos, que con un plano de la ciudad en mano, comentaban: “Este pueblo se llama Sanlúcar de Barrameda, pero le vendría mejor este otro, Sanlucar Barretumierda” El Mirabreño en ese momento sintió vergüenza ajena, pero no tuvo más opción que agachar la cabeza y entonar el mea culpa en nombre de todos los sanluqueños y de sus ineficaces dirigentes. Porque más razón no podían tener aquellos turistas, y sobre todo el más exaltado de ellos, que momentos antes había pisado una mierda de perro e iba trazando un sendero de caca de can por donde pisaba. Y es que Sanlúcar es también la tierra de las putas mierdas de perros, los animalitos no tienen culpa, son sus guarros amos los que deberían ahogarse en la mierda que ellos mismo no recogen cuando su chucho (alguno debe de pasear una vaca, pues los regalitos que dejan son dignos de entrar en el libro Ginness), hace sus necesidades fisiológicas. A ninguno de estos guarros propietarios de animales de compañía le da porque su mascota se cague en el salón de su puta casa, y si es necesario se levantan a las cinco de la mañana y sacan al perrito a que defeque en la calle y el que venga atrás que se joda. Quien no haya pisado nunca una mierda de perro en la calle que levante la mano o, mejor dicho, que levante la zuela del zapato.
Y MAS MIERDA
A la mierda de perros hay que sumarle la suciedad de nuestras plazas, jardines, aceras y calles. No me equivoco al manifestar que Sanlúcar de “Barretumierda” ostenta el desagradable primer puesto de ciudad sucia y enmierdada, basta con darse un paseo por cualquier sitio y prestar un mínimo de atención. Y que conste que El Mirabreño se solidariza con las mujeres de la limpieza que se esfuerzan cada día en limpiar las mierdas que sueltan los incívicos ciudadanos.
Esos guarros que bajan la ventanilla del coche y vacían el cenicero en la calle, cosa que no hace en su puta casa (perdón por reiterar lo de puta casa), pues se arriesgarían a recibir un escobazo de su parienta. O esos otros que arrojan al suelo toda clase de objetos: papeles, latas, botellas, pipas…, y que también han visto en fuentes públicas un buen sitio para tirar toda clase de objetos. Y si hablamos de la playa pues más de lo mismo. Cascaras de sandía, botellas de plásticos, latas, bolsas, en fin, una auténtica guarrada de seres que se denominan personas y deberían catalogarse como cerdos.
Al Mirabreño, hombre sensible y que presume de ser un buen ciudadano, a pesar del vocabulario que utiliza en sus artículos, se le cae el alma a los pies cuando pasa por los puntos donde se encuentran los contenedores. Auténticos focos de infección diseminado por toda la geografía de nuestro bendito pueblo. En ellos la suciedad, la mugre y el mal olor campea a sus anchas. Decía en una entrevista en el periódico ABC, la gran hispanista Enriqueta Vila, que Sanlúcar era la tierra de los mil olores, lo que no sé es sí en esos olores ella incluía el hedor de los husillos (por cierto casi todos ciegos y atascados de papeles, hojas y objetos de todo tipo, que luego, llegado el invierno, provoca las inundaciones de las calles); o el insoportable olor de la Depuradora de la Jara o de otros puntos tan típicos como Bajo de Guía.
Los contenedores de nuestra ciudad (los verdes, grises, amarillos o azules) no sólo están siempre saturados y rebosantes de vidrio, papel o cartón, botellas de plásticos y bolsas de material inorgánicos, sino que también son utilizados como auténticos vertederos públicos donde nos podemos encontrarnos de todo, utensilios que va desde un sofá a una lavadora, desde un mesa de salón a un frigorífico, desde un colchón a un televisor.., mostrando una imagen tercermundista y chabolista, más propia de un asentamiento como el Vacie o la Cañada Real, como ya dije en unos de mis anteriores escritos.
Y que decir del espanto que causa la visión de paredes, farolas, edificios, papeleras y demás inmobiliario urbano, todos ellos empapelados de miles de panfletos o carteles anunciando cualquier evento. Por no hablar de esos monstruosos cartelones que publicitan una corrida de toros o un concierto y que tanto afean las calles céntricas de la ciudad.
Si a todo ello sumamos un horrible cableado que, cual tela de araña, se desparrama por fachadas, paredes y edificios históricos. Mención especial merece la invasión de sillas y mesas, veladores y sombrillas que impiden el paso y el desahogo del transeúnte, convirtiendo nuestras calles y plazas en un verdadero enjambre que, a modo de dédalo, hace casi imposible el esparcimiento y el gozo que supone un placentero paseo en estas tórridas noches veraniegas.
Sumo y sigo, a todo lo anterior hay que añadirle los manteros, puestos diversos y toda clase de chiringuitos montados al libre albedrío, que obliga al paseante realizar auténticos malabarismos para ir sorteándolos y no pisar o tropezar con tal cantidad de obstáculos, que ríase usted de los tres mil metros vallas de las olimpiadas.
La madre naturaleza obsequió a esta tierra con un lugar privilegiado, pero sus hijos, sus habitantes, dirigentes y sanluqueños en general, son indignos de vivir y haber heredado este regalo, porque con nuestras actuaciones en todos los aspectos, estamos convirtiendo un pueblo, antaño precioso y catalogado como la San Sebastián del Sur (y hay que recordad que a San Sebastián también se le denomina como la Bella Easo), en un verdadero estercolero, donde la suciedad campa por doquier.
Esa miseria materializada en la mierda y pestilencia con la que los sanluqueños, sus hijos bastardos, maltrata desde hace tanto tiempo a una madre generosa y que más ya no puede hacer por hacernos feliz.
Para terminar, pido a los responsables políticos que se impliquen en la conciencianción de la población y que a todo aquel guarro que enmierde nuestro bello pueblo, sea castigado duramente y, si es necesario, se le castigue con limpiar lo que ensucien como escarmiento y escarnio ante los demás ciudadanos. Y así, nuestra ciudad seguirá llamándose Sanlúcar de Barrameda, y no Sanlúcar Barretumierda.
