Cartas de una sombra

José Antonio Córdoba
Nuestro poderío militar
José Antonio Córdoba.-Las aguas nerviosas del Betis; el levante tormentoso de la ribera; el sol implacable del sur, y la agonía humana, han hecho de esta fortaleza un acopio de piedras e la orilla del río Guadalquivir. Su estructura casi intacta se resiste a desaparecer, como asó lo muestra una de sus garitas cortada al viento por la mitad, se mantiene en pie casi en el vacío desafiando a la gravedad natural de las cosas. La sabia naturaleza abraza cada una de las piedras que conforman este baluarte. Quizás siendo joven en la historia, este macizo defensivo se ha impregnado se impregnado de la magia de este paraje natural vivo, en continua transformación como así los demuestra la historia de los tiempos.
Desde el muelle de Bonanza hasta Montijo, San Salvador, el vigía de la ribera, permanece alerta ante la posible llegada de un enemigo que jamás llegará. De sus muros se esperan oír los atronadores ruidos de sus cañones, pero solo se escucha silencio.

Hoy solo el mecer de las olas alteran el silencio de este viejo militar olvidado. Se le ha comparado como el hermano menor de Santiago, pero solo  se ha contribuido a empeorar la imagen de la orilla de nuestra localidad. Así lo prueba el rumboso y oxidado cartel que te identifica la mole de piedra que se presenta ante tus ojos: “Municipio de Sanlúcar de Barrameda-Baluarte de San Salvador (s. XVII)-edificación de interés Histórico” Cada vez que me acerco a visitarlo me sigue hirviendo la sangre que se hable de 'interés histórico', ¿para quién?, para los pocos enamorados de una parte de la historia, pues los otros muchos, se la pasan por el forro de los calzones.

Es penoso entrar en este enclave de nuestra historia y ver su estado de conservación, que si bien es verdad, rivaliza con las espectaculares vistas que posee del río. Es un lugar digno de visitar en las horas previas al atardecer, para contemplar como poco a poco los rayos del sol acarician tenuemente las siluetas de este coloso, desgastadas por el tiempo, aún en este estado de abandono el contraste de sol y vegetación se conjugan para dar hermosura a este rincón.
Como todo en la vida San Salvador ha quedado para deleite de enamorados, curiosos y niños, que hacen de este enclave un lugar de juego fascinante. Pero no nos dejemos engañar que esto es solo el lado bueno de una triste y amarga realidad.
No me canso de repetir esta letras, de traer a esta columna unos de los innumerables rincones que de ser bien cuidado haría de nuestro pueblo algo digno de contar al mundo entero. ¿Cuantos pueblos de ribera tienen pruebas de su poderío militar, como lo tiene Sanlúcar?
Nadie es tan culpable como nosotros mismo del olvido de nuestra Historia.
 
 

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