Cartas de una sombra
José Antonio Córdoba.-En estos días que el calor nos abraza y donde podemos comprobar fehacientemente que la teoría del “Cambio Climático”, no es un cuento de locos, se me antoja buscar un lugar fresquito, ¡el congelador! Aunque mi mujer me ha quitado la ilusión, trabajo le ha costado convencerme de que no era por mi salud, sino, porque es que no entro, pero en fin que se le va hacer, la mujer es la que manda.
Sentémonos un momento y reflexionemos sobre el misterio de los Polos de nuestro planeta. Para empezar, me comentaba un amigo hoy, que cuando se habla siempre se tiende a mencionar al Polo Norte, más, que al Sur, ¿por qué? No deja de ser una buena pregunta. Aunque debemos de tener presente que se han destinado más logística y esfuerzos humanos a llegar al Polo Norte, que quizás al Polo Sur. Si entramos en cualquier web que nos remita datos al respecto encontramos que el esfuerzo logístico y humano sigue presente en nuestros días, pues precisamente este año un italiano ha alcanzado a pie el Polo Norte. También pienso que influye en nuestra mente colectiva, esa reseña que nos habla de la existencia del Paso de Bering, que durante muchos siglos ha sido paso transitado por animales y humanos desde el continente europeo al americano.
¿Pero qué ocurre con el Polo Sur?, que es igual de conocido que homónimo del Norte, eso sí, se diferencian en que el Sur posee una actividad humana más activa que el del Norte. De hecho recordemos a exploradores como Amundsen o Scott, quienes rivalizaron en su conquista del Polo Sur. Pero es quizás la “cercanía” con la civilización y el asentamiento de bases de investigación lo que hace que el Polo Sur no nos resulte quizás tan distante. Podríamos decir, que tenemos dos caras de una misma moneda, pero donde, la cara, nos es más afín que la cruz, por familiaridad, por vernos reflejada en ella, es la dócil, mientras que la cruz (Polo Norte), siendo cara de la misma moneda, nos resulta más repudiable, no nos vemos reflejada en ella, y además nos es mucho más hostil. En resumidas cuentan podríamos decir tras esto que los Polos no dejan de serlo por nuestra presencia, pero sí que a la hora de elegir, preferimos la hostilidad de los hielos del Sur, quizás sea el mismo efecto, por lo que la gente del norte suele veranear en el sur, ¿quién sabe?
Pero tampoco debemos de olvidar lo que ocultan las masas heladas. El norte abriga las aguas oscuras del océano, mientras que las del sur, nos dan esperanzas de poder comprender nuestra evolución al cubrir una porción de tierra aún virgen en nuestra época.
Por lo que quizás el hablar de un polo u otro solo sea un mero capricho lingüístico. O un antojo de anhelar esas bajas temperaturas que endías como el de hoy envidiamos al Polo Norte.

