Cartas de una sombra

José Antonio Córdoba
Un modo de vida
José A. Córdoba.-En estos tiempos cuando estamos planteándonos nuevos conceptos, nuevos horizontes, ahora también nos estamos reformulando el concepto de las expediciones para el siglo XXI y venideros.
El ansia de conocer nuevos horizontes ha llevado al ser humano a desplazarse miles de millas en todas direcciones, así lo atestiguan los innumerables registros de expediciones e intentos fallidos de las mismas que están catalogados a lo largo de los siglos.
¿Es otro misterio más de la psique humana?, ¿qué es aquello que hace al ser humano precipitarse a lo desconocido,  al desprestigio personal y social, e incluso a la muerte?

El espíritu aventurero, ha sido la marca (forjada con sangre y sudor) de esa clase de hombres que con un tesón inusual han llevado a cabo empresas impensables e increíbles para su época. El fin de las mismas, unas veces les dieron fama y fortuna, otras simplemente cayeron en manos de la muerte.

La expedición, rara vez se considera un acto individual y aislado, si bien es cierto, que el origen de las mismas nace de una inquietud personal, después requiere de un esfuerzo sobrehumano para transmitir a los demás esa inquietud para convencer a los demás de los recursos logísticos y humanos que se precisa para dar forma a esa inquietud y convertirla en expedición. En innumerables ocasiones esta labor inicial, ha contado con tanta o más dificultad que la expedición en sí.
 
Aunque catalogar cual pudo ser la primera expedición realizada por el ser humano, escapa a mis fuentes, si bien es cierto, que se puede reconocer como tal, las que hacían los hombres de las cavernas cuando se desplazaban a otros territorios en busca de caza, o ¿por qué no?, la propia vida nómada, pues se necesitaba de una avanzadilla para buscar nuevas tierras donde asentarse. Por lo que cabe destacar que la vida del ser humano está inmersa en una continua expedición.
 
Sin embargo, si hay algo que se ha mantenido inalterable a lo largo de los milenios en la empresa de la expedición, sea cual sea su naturaleza, es que están reservada a personas especiales, gentes que sobresalen con creces de la media. Personas que en su interior el sedentarismo es algo que no conocen, y no digo desconocen, pues para ello deberían de haberlo conocido, y les aseguro, que estas gentes no han pisado jamás el mundo del sedentarismo.
 
Cuando la carrera espacial parece haber sido destinada por el momento a los robots, ahora es el momento de prestar atención a esos hombres y mujeres, que dedican su vida, sacrifican las  comodidades del mundo civilizado en aras de descubrirnos nuevos espacios naturales. Estas gentes disponen aún de mucho territorio virgen en nuestro planeta, en la espesura de sus selvas, en los pliegues de las montañas, en la grietas de la corteza terrestre, en esa gran espesura marítima que nos rodea.
No olvidando tampoco a los grandes expedicionarios del cuerpo humano.

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