El Gran Hermano

José Luis Zarazaga
Nuestra historia se localiza en una futura región llamada Palacio Municipal, que alguna vez fue llamada la Casa de la Chiquitilla
José Luis Zarazaga.-Hoy este que subscribe, su humilde desarticulista, no tiene ganas de entrar en polémicas y menos con el calor que hace, por lo tanto hablaremos de un tema bastante antiguo pero que está adquiriendo un hondo significado en la era digital.
Gran Hermano y no precisamente el de Telecinco ha pasado a formar parte de nuestras vidas. Nuestro medio digital ( SD )se ha convertido en una especie de Gran Hermano referido a todo lo que sucede en nuestra localidad. Claro ejemplo todo el seguimiento que se ha hecho de la magnífica obra de Aryz y que es un claro exponente de las bondades del uso racional de nuestro Gran Hermano.
Al comentar dicho tema se me viene a la mente la obra de George Orwell. “1984”. Orwell nos muestra una sociedad distópica (Aclarar que es una sociedad arrastrada por las tendencias sociales actuales y que están siendo conducidas a situaciones totalmente indeseables), con esto no quiero aludir a lo que está ocurriendo últimamente en lo que es la Junta de Personal y Comité de Empresa del Ayuntamiento, pero sí que es verdad que se puede establecer cierto paralelismo ya que se está mostrando una advertencia satírica que muestra un previsible final apocalíptico.


1984 nos introduce en la idea del omnipresente y vigilante Gran Hermano, que se ubica en la habitación 101. (Aclarar para los no iniciados que dicha habitación está entrando en el Ayuntamiento, justamente debajo de la Cámara web del Gran Hermano Municipal, entrando a la derecha, subiendo por una tétrica escalera de caracol y terminando en unas habitaciones lúgubres y desangeladas), aclarado esto comentar que allí se ubica la policía del pensamiento, vigilante que transforma el léxico con fines represivos ya que todo lo que no coincida con lo que ellos piensan ni puede ser ni nunca será gratificado.

Este humilde desarticulista detecta un cierto paralelismo entre lo que sucede en nuestra querida Casa Consistorial y el mundo descrito en 1984. Empieza uno a pensar que estas actitudes están dando lugar a lo que podría denominarse como sociedad orweliana en la que las distintas organizaciones reproducen las actitudes totalitarias y represoras  que se describen magistralmente en la novela.
 
Nuestra historia se localiza en una futura región llamada Palacio Municipal, que alguna vez fue llamada la Casa de la Chiquitilla. Dicho palacio está divido en tres grupos, los miembros del Equipo de Desgobierno, que no es el caso, los miembros del sindicato dirigente o círculo máximo y por último los miembros externos o no afiliados, siendo estos últimos la masa de trabajadores que viven marginados de toda satisfacción o logro. Estos son los  conocidos como proles.
Los proles viven sometidos a un control asfixiante y a una propaganda alienante más pesada que la de Cofidis, están completamente desmoralizados y se les impide manifestar sus críticas en el templo supremo de la verdad: “Asambleas de la Merced”
 
Con la connivencia del Equipo de desgobierno se les suprime todo derecho y se les condena a una vida laboral miserable, con riesgo de no alcanzar nunca la tan ansiada gratificación o sufrir un acoso laboral  si no demuestran suficiente fidelidad a la causa sindical. Para conseguir todo esto se organizan concentraciones, ruedas de prensa, vídeos del youtube, más aburridos que un choque de tortugas, y así un largo etc. En estas actuaciones se gritan las consignas favorables al Gran Hermano, vociferando contra los supuestos traidores, se da rienda suelta al más desaforado fanatismo y solo con ese fervor fanático se puede escapar a su terrible policía del pensamiento.
 
Tras años trabajando para el Ministerio de la Verdad (entiéndase sindicato), este humilde desarticulista se va dando cuenta de que los retoques de la historia en la que cree son sólo una parte de la gran mentira en la que se basa la idea de que todos los trabajadores son iguales y gozan de las mismas prerrogativas. El humilde desarticulista acaba descubriendo la falsedad intencionada de todas las informaciones procedentes del Sindicato único.
 
Al intentar evadirse de la omnipresente vigilancia del Gran Hermano, que llega inclusive al último rincón de la Casa Consistorial, encuentra la connivencia de otra joven rebelde que también está desengañada de dicho sistema político; ambos empiezan así a encarnar una resistencia contra una casta que ha impuesto que la sociedad trabajadora se vigile así misma.
Juntos creen afiliarse a la Hermandad, un supuesto grupo de disidentes que empiezan a practicar la resistencia sindical y que es dirigido por Apple Olive, un personaje casi tan ubicuo y omnipresente como el propio Gran Hermano.
 
Al descubrir que los presuntos miembros de la resistencia sindical han formado también parte del mecanismo represor son encerrados por la policía del pensamiento en la habitación 101. El humilde desarticulista es obligado a reconocer que un enunciado evidentemente falso como: “Todos los trabajadores tienen los mismos derechos” es en realidad verdadero.
Su resistencia sorprende al Gran Hermano, pero tras largos y humillantes años de sufrimiento sindical aceptará interiormente que la verdad es lo que el Sindicato Único dice y no lo que su intelecto deduce o sus sentidos perciben.
 
Al final el Humilde desarticulista se reencuentra con su compañera que también ha sido vejada y humillada sindicalmente hasta que se ha visto obligada a dimitir y rendirse a las evidencias. Ambos son incapaces en dicho momento de mantener alguna sensación de cercanía y se separan como dos extraños, se vislumbra entonces que la finalidad del Sindicato Único se ha cumplido, pues de hecho la resistencia manifestada ha desaparecido, reemplazada por la ciega obediencia hacia el Gran Hermano, única política laboral admitida y tolerada por el régimen.
No obstante lo único que sabe este humilde desarticulista es que en ese momento habrá desaparecido, todo ocurrirá de la noche a la mañana, pero eso si, en el Gran Hermano digital seguirá su huella ya que será el único lugar donde se podrá comprobar a evidencia de dicha historia.
 
Para finalizar quisiera aclarar a mis sufridos lectores que todo parecido con la realidad es pura coincidencia, no creo que el Ayuntamiento este influido por una sociedad orweliana pero me pregunto lo siguiente. ¿Y si en verdad la desunión de los trabajadores estuviera abriendo el camino del Gran Hermano?
 
a respuesta es muy complicada y por lo tanto rogaría que nadie se diera por aludido.
Como epílogo de toda esta historia quisiera dar mi más sincera felicitación a mi amigo Vicente por haber traído un soplo de aire fresco a nuestra localidad. La obra de Aryz es un magnífico ejemplo de arte urbano y digna de todo elogio, esperemos que algún día se acuerde también de los artistas locales que adornan nuestras farolas, como la que se ve en la fotografía adjunta y se les galardone con el premio ordenanzas municipales al guarro del año.
¡Ese es el arte que se practica en Sanlúcar, Ver para creer!

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