Cartas de una sombra

José Antonio Córdoba
¿Miramos al lugar correcto?
José Antonio Córdoba.-Tenemos miles de legados culturales que nos hablan del cielo, del espacio, del Universo, pero ¿cuántos nos hablan de nuestro entorno inmediato?
Que el ser humano ha destinado ingentes cantidades de dinero, esfuerzos y vidas humanas, además de animales a la carrera espacial es conocido directa o indirectamente por la población humana. Sin embargo, existe una carrera que nunca ha llegado a contar con una infraestructura digna, me refiero aquella dedicada a explorar los lugares más recónditos e inaccesibles de nuestro planeta. Y qué decir del océano, el lugar por excelencia donde se originó la vida en este planeta.
Existen proyectos en marcha para saber del misterio que se encuentra bajo los mares helados de Titán, o Encélado, lunas de Saturno. Curiosamente, seguimos  sin conocer lo que se esconde bajo nuestros hielos, que en comparación de infraestructuras, esfuerzos y gastos es como pasar de una habitación a otra contigua.

El pulmón del mundo sigue aún en un porcentaje elevado siendo virgen a la investigación humana. Pero si de un paraje frondoso y húmedo nos vamos al extremo opuesto, los desiertos, estos se encuentran en la misma situación.

Sistemas montañosos de difícil acceso al hombre aún existen hoy en día, pese al avance en ciencia y tecnología.
Pero son los abismos los que ponen al ser humano en jaque. Son lugares que por algún motivo siguen imponiendo respeto y reparo al hombre a la hora de enfrentarse a los misterios a sus entrañas.
Es extraño que el ser humano desde el momento que tomo consciencia de especie, se halla afanado en buscar sus orígenes fuera del nuestro planeta. Pero si analizamos todos esos fenómenos que con los siglos han ido surgiendo en torno al misterio de las civilizaciones, vemos que  nos han llevado siempre a mirar hacia el cielo, nunca hemos encontrado pruebas que nos indicaran que bajáramos la cabeza, y posáramos nuestra mirada en el elemento cristalino de nuestros océanos y mares.
¿Por qué la mitología de las distintas culturas nos habla de seres celestiales y bestias marinas? ¿Ha estado la consciencia del ser humano condicionada a mirar hacia un lugar erróneo? Esto me lleva a preguntarme, ¿se esconde en las profundidades de los océanos la esencia misma de la Vida?, ¿nos asusta realmente tener la respuesta tan cerca?, ¿preferimos mirar hacia otro lado, ignorando la evidencia?, ¿nos sentimos más seguros mirando hacia el cielo?
Si la última cuestión fuera afirmativa, quizás estemos esperando que vengan de fuera a desvelarnos el secreto que guardan las aguas oceánicas, tal como un niño pequeño espera que venga su padre para abrir ese armario que le produce pavor, y demostrarle que en su interior no se encuentra ningún monstruo que perturbe sus sueños.
 

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