Sin pelos en la lengua

El mirabreño
{jcomments off}Sanlúcar y el turismo
El Mirabreño.-Una ciudad como Sanlúcar de Barrameda con casi 70.000 habitantes y una tasa de desempleo de las más alta de España, con unos sectores primarios (pesca, agricultura y vitivinicultura) desaparecidos; con la construcción totalmente hundida y sin ningún tipo de industria, está condenada a languidecer y permanecer en el ostracismo y en el olvido. Analizando la situación socio laboral de nuestro pueblo, sólo me cabe tener cierta esperanza en el sector turístico y, por ende, en la hostelería que va unida intrínsecamente al mismo. Nuestro pueblo cuenta con unos recursos envidiable en este sentido, archiconocidos son los discursos de nuestros gobernantes cuando, delante de un micrófono y en cualquier acto, aprovecha para regodearse y alardear de las excelencias y del potencial con el que cuenta Sanlúcar. Pero una cosa es predicar y otra es dar trigo.

Estos mismos gobernantes nada hacen para que de verdad se exploten las potencialidades turísticas de la ciudad. Potencialidades como su patrimonio artístico, histórico y cultural, su fabuloso clima, su playa y desembocadura del Guadalquivir, junto a la tan cacareada entrada al Coto de Doñana, que sólo tiene el título más que es una realidad. La monumentalidad de Sanlúcar con edificios religiosos y civiles, testigos de un pasado esplendoroso; su actividad cultural con la programación de grandes eventos como el Festival Internacional de Música a Orillas del Guadalquivir; el Archivo Ducal de valor incalculable para investigadores, historiadores y estudiantes; las Carreras de Caballos en la playa, reconocidas a nivel mundial. Cuenta, igualmente, con una agenda de actividades religiosas – festivas envidiables: Semana Santa, Rocío, Caridad, Navidad, veladas, etc. en definitiva, una enorme oferta turística que abarca todos los ámbitos que cualquier pueblo o ciudad querría para sí.

Todo esto en el haber positivo, pero vayamos a lo negativo, es decir, a la realidad. Una ciudad que quiera vivir del turismo no puede presentar un aspecto de abandono y suciedad, y en ese estado está nuestra querida Sanlúcar. La limpieza de las calles es una asignatura pendiente legislatura tras legislatura. Por no hablar de unas calles y aceras donde abundan las mierdas de los perros, así tal como suena, que suena fatal pero es un hecho incontestable. Unos jardines abandonados, desérticos, donde la vegetación es inexistente, unas plazas abandonadas a su suerte, donde abundan en sus paredes toda clase de cartel o papel anunciando éste o aquel evento.

 
Espacios urbanos ahogados por coches y motos aparcadas de cualquier forma, con multitud de obstáculos y barreras arquitectónicas, señales de tráficos y farolas empapeladas, sucias, sin el más mínimo mantenimiento. Una ciudad donde los edificios que antes mencionábamos están en grave peligro de desaparición, ahí tenemos como muestra el lamentable espectáculo de la calle Caballeros, otrora una calle señorial y preciosa, que presenta un lamentable estado con unas estructuras de hierros que, a duras penas, soportan los muros de nuestro Ayuntamiento, el cual, por cierto, presenta un abandono en sus jardines, y en numerosas partes de su edificación. Ejemplo de ello, es el aspecto de abandono y deterioro de la entrada principal o apeadero, impropio de un palacio digno de un pasado esplendoroso.
 
Por no hablar de la vergüenza que supone el corte del Carril de San Diego, donde podemos ver otra estructura de hierro sosteniendo una casa antigua de las llamadas de Indias. Ahí la vemos a la casa y a la propia calle, durmiendo el sueño de los justos, mientras los diferentes equipos de gobierno no hacen nada por solucionar una auténtica estampa tercermundista. Sí a todo ello vamos uniendo la impresentable imagen que vemos cuando nos acercamos al apeadero o estación de autobuses, la pésima condición en la que se encuentran el paseo marítimo y la playa buena parte del año. Por no mencionar el desértico paseo de la Calzada, castigada y fustigada un año sí y otro también, y van ya más de 40, por un asentamiento chabolista (del que ya hablaremos en próximos artículos) al que denominan Feria de la Manzanilla, tenemos como resultado un pueblo abandonado a su suerte, que se medio salva, a pesar de todo, gracias a la generosidad que ha sido la naturaleza y nuestros antepasados con este lugar que debería ser paradisíaco y que más bien parece el mismísimo infierno, pues no hay una ciudad en España que aguante el ruido de tantas motos y locales insonorizados, de movida joven concentrada en lo más céntrico de la ciudad y en uno de sus monumentos más relevantes, como es el antiguo convento de la Victoria, cuyo patio interior se encuentra en unas pésimas condiciones, deteriorado y abandonado. Sólo por la dejadez de nuestros políticos para con este edificio, algunos deberían estar procesados. Para terminar, lo peor de todo lo dicho es que todas estas cuestiones no tienen respuestas ni soluciones ni a medio ni largo plazo, ya que cada vez que entra un equipo de gobierno nuevo, en lugar de evolucionar y avanzar, Sanlúcar retrocede, en contraposición con aquel famoso eslogan que decía: “Sanlúcar avanza”. Sí, avanza, pero al precipicio.

 

Nota aclaratoria SD
Bajo el seudónimo de El Mirabreño está un colaborador de SD de reconocida filiación por este portal.

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