Eufemismos
Eufemismos y racionalización
José Antonio Bustamante.-Los eufemismos usados por el actual gobierno desde el mismo día que tomaron el mando han sido una constante en su lenguaje y, lo que es peor, va a más. Si la propia Princesa de Asturias durante el VIII Seminario Internacional de Lengua y Periodismodenunció este hecho hace una semana, la lista de enjuagues verbales no deja de crecer. Que llamen “ajustes” a los recortes, “movilidad exterior” a la masiva huída de jóvenes al extranjero en busca de trabajo, “apoyo financiero” al rescate bancario, “gravamen adicional” a la subida del IVA, “crecimiento negativo” a la recesión o “flexibilización del mercado laboral” cuando de abaratar el despido se trata es algo a lo que, hasta cierto punto, estamos ya acostumbrados.
Cuando escuché hablar a Montoro de “proceso de regularización de activos ocultos”, refiriéndose a la amnistía fiscal, pensé que habían logrado el cénit, el clímax absoluto, pero hete ahí que nos tenían preparado un orgasmo eufemístico inigualable: “Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local” es el circunloquio que se han sacado de la manga para no verse obligados a destapar sus intenciones de limitar hasta el máximo las competencias municipales.
Allá por julio de 2012, en mi artículo “Objetivo: la perpetuación de la especie”, ya advertí, alerté y anticipé los verdaderos propósitos de este gobierno al intentar vendernos la idea de la reducción del 30% de concejales como una medida de ahorro, cuando la pretensión real no era otra que podar la red de la Administración más próxima al ciudadano, es decir, los ayuntamientos, para favorecer a las Diputaciones en un momento que, ¡oh sorpresa!, controlan el 75% de todas las Diputaciones de España.
Decenas de miles de empleados municipales verán cómo sus ingresos se verán mermados para conseguir un ahorro de 870 millones. Según cálculos del propio Ministerio de Hacienda, 5927 Ayuntamientos son ineficaces, aunque las Diputaciones podrían asumir las competencias del 95% de los municipios. ¿Pero quiénes son estos diputados provinciales? ¿Alguien recuerda haber votado al Sr. Marmolejo -por poner un ejemplo- para que sea diputado provincial de deportes? Sin embargo, ahí están todos; cobrando por ocupar un cargo que nadie les ha encomendado y, si a ellos nadie les ha votado, imagínense la enorme nómina de asesores y cargos de confianza nombrados a dedo por ellos mismos.
Ya lo he dicho en más de una ocasión, pero nunca está de más recordarlo: 21.500 millones de euros nos cuesta al año a todos los ciudadanos estas Diputaciones que nadie ha votado y que, a fuerza de leyes y decretos, nos quieren hacer imprescindibles.
Racionalicen, sí, pero donde sea posible y, por encima de todo, necesario.
