Cartas de una sombra
José Antonio Córdoba.-Ya hemos dejado atrás esa fatídica fecha del Fin del Mundo. Casi seis meses después, el 21 de diciembre de 2012 ha pasado a la Historia como una fecha anecdótica para la Humanidad.
Pero me pregunto: ¿Era cierta la fecha?, más aún, ¿por qué está el ser humano obsesionado con el Fin del Mundo?, un poco más, ¿qué fin del mundo es el que recuerda la genética humana?
Actualmente estamos inmersos en una serie de acontecimientos que nos están llevando a ver el mundo antiguo con un enfoque completamente distinto del que nos han ofrecido muchos autores hasta la fecha.
Pero existe aún un “misterio” en relación a la obsesión que involuntariamente presiente el ser humano de su fin como raza.
Es cierto que leyendas, y relatos de libros sagrados nos hablan con gran afinidad de detalles de una batalla librada en los cielos, y con los resultados de la misma. Hay quien ha apuntado que esa batalla celestial, no tuvo lugar en este planeta, ¿entonces dónde?
Los genetistas están convencidos de que la historia de la vida en el Universo y la de nuestros orígenes están guardadas en unos archivos capaces de soportar el paso del tiempo, y no se refieren a los grabados en piedra, si no a nuestro ADN. ¿Es nuestro ADN el causante de esa sensación de fin del mundo que tan fuerte ha calado en la Humanidad? Probablemente sí.
Pensemos por un momento, si nuestro ADN es contenedor de los secretos del Origen de la Humanidad, debemos de pensar que no es un recipiente hermético, todo lo contrario, sufre perdidas, que pienso han sido programadas para una fuga lenta pero continuada. ¿Con que periodicidad se libera el contenido?, probablemente sea con cada mutación generacional. Tengamos en cuenta que con cada nueva vida nace un nuevo ADN que ha mutado de la unión de otros dos.
Hace ya bastantes años cuando leía sobre las culturas antiguas, de las claves que se precisaban para entender el legado que nos habían dejado, tenían la firme convicción de que en algún lugar debía de existir un códice maestro que nos permitiera descifrar las claves ocultas en las escrituras de las distintas civilizaciones antiguas. Hoy comprendo que el códice lo llevamos dentro. ¿Cómo podemos hacer uso de él?, ¡quién sabe!, pienso que probablemente el uso aflorará en alguna de las generaciones que nos habrán de preceder. Justo cuando la información contenida en nuestro ADN esté totalmente liberada. Pongamos como caso comparativo el acceder al entendimiento de un idioma extranjero, primero precisamos de estudiar y entender su gramática, teniendo esta información básica podemos avanzar para escribir, leer y hablarlo.
Probablemente nuestros antepasados no se equivocaron, simplemente nos hicieron partícipes de sus sensaciones.

