Cartas de una sombra
José Antonio Córdoba.-“Decir que me han dicho”, se ha convertido en la vida de los sanluqueños en algo tan cotidiano, que la verdad, ya ha dejado se ser atractiva para convertirse en aborrecible.
Tenemos una de las mejores puestas de sol del litoral español, y ahí están “dicen que dicen”. Disponemos de una buena playa de río, con vistas a ese Coto de Doñana, y ahí están los que “me han dicho que diga”. Tenemos un pueblo mejor o peor, pero al fin y al cabo nuestro pueblo. Pero ahí están los que ahora ya “no dicen que le han dicho”, si no que han evolucionado como los Pokemóns y piensan solos, y manifiestan “yo ya sé, porque tengo papeles”. ¡Joder!, esto parece la puerta del Ministerio de turno dando papeles a los ilegales. A tanto llega su evolución que se han transformado de la noche a la mañana en Pous, ¡Sí!, a esos que hay que darles de comer, limpiarlos, jugar con ellos y acostarlos. Aunque como en todo, siempre hay “buenas gentes” que los reciclan para causas nobles, ¡bueno dejémoslo solamente en causas! Los utilizan para defender lo indefendible, porque si un sindicalista no defiende al trabajador o no defiende al ciudadano, amigos míos ¿qué es lo que defiende?, ¡Ummm, me doy, !como dijera aquel amigo pijo del Chavo del Ocho.
Entre papeles, se les pasa las horas de trabajo, para después salir a los medios como los defensores por heredad de unos derechos que ellos mismos se han encargado de fraguar a su antojo.
Hoy estamos resacosos de la movilización del uno de mayo. Cada vez la ciudadanía se está dando cuenta que la línea que separa al político del sindicalista es tan delgada que a veces piensan, ¿si existe realmente?
Resulta chocante que un sindicalista entre sueldo y liberaciones venga a convencernos de que tenemos que manifestemos para luchar contra unos recortes y reformas que en nada les afectan a ellos.
¿Cuánto se nos pide a nosotros que sigamos apretándonos el cinturón a la altura del pescuezo?, ¿Cuántos sindicalistas han salido para renunciar a las subvenciones que reciben del gobierno a favor de esos ciudadanos asfixiados?
Es la ironía de la sociedad española, en la que se hace la guerra del sindicalismo liberal con el apoyo económico del gobierno al que apedrean.
Nos está costando mucho empezar a entender que estamos en medio de una guerra de intereses que nada tiene que ver con el ciudadano corriente, sino con el interés siempre bien intencionado de los sindicatos por tener paguita fija a final de mes, mientras los que nos manifestamos (que no es mi caso), sufren las consecuencias crudas y directas de esa “lucha por el trabajador”
Una vez dije: “Mamá de mayor quiero ser político”, hoy rectifico sabiamente: “Mamá, tenía que haber sido sindicalista”

