Cartas de una sombra

José Antonio Córdoba
Mi status, ¡un viaje!
José Antonio Córdoba .- Hoy cuando escribo esta columna, según el reloj pasan ya dos horas de este día dedicado a la campaña promocional de los sindicatos. Es difícil de pensar en una situación de crisis en nuestra localidad, cuando por motivos varios te llegan comentarios, como los que me han llegados en estos días, donde con motivo de la organización de los viajes de Fin de Curso (¡y acabamos de empezar!), te encuentras padres emperrados en que sus hijos o hijas realicen viajes, que sinceramente distan mucho de lo que realmente debe de ser un viaje con tal fin. Pues han dejado de convertirse en un viaje con base cultural para transformarse en viajes de puro ocio.


Para comenzar estamos saturando a nuestros hijos e hijas con tantos viajes de fin de curso (6º de Primaria; 4º ESO; Bachillerato; etc.)Los padres no sé si conscientemente hemos pasado de una labor educativa a convertirnos en financieras de los niños o niñas e indirectamente de las Agencias de Viajes, y nos es crítica a estas.
Si ya son excesivas a mi gusto el número de fiestas escolares durante la etapa de infantil y primaria, que decir cuando los peques se hacen jóvenes y no se conforman con ir a visitar la Cádiz monumental ¡por ejemplo!, sino que se empecinan en salir del territorio español (no van a Cataluña), viajes internacionales, cruceros y demás estancias o excursiones que vienen a suponer un capital bastante elevado para la economía actual.
Y retomando el inicio de la columna. El otro día una amiga asistía a una reunión del curso de su hijo/a donde se proponía como viaje de Fin de Curso en 1º de Bachillerato,  un crucero para el alumnado. Esta madre tuvo a bien exponer su malestar al considerar que, su situación no le permitía hacer frente al gasto que le ocasionaría a su economía dicho viaje. Pues en vez de recibir la comprensión del resto de padres y madres asistentes, fue duramente recriminada por estos. Ya se pueden imaginar su indignación.
Son situaciones de este tipo las que hierven la sangre. Cuando contemplas que se prefiere invertir o incluso endeudar, un poco más, para que el niño tenga su crucero, antes que, hacerles ver la situación que se vive en la calle, ese día a día donde multitud de familias, pero sobretodo, niños y niñas, no tendrán para un viaje, pero es que apenas tendrán para pasar unas Navidades dignas y quién sabe, si contarán con un techo sobre sus cabezas, o si los más pequeños disfrutarán de la visita de los Reyes.
Pero más cínico quizás sea, encontrarte a estos jóvenes viajeros, en manifestaciones por una sociedad digna.

 

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