El que hizo la Ley…
José Antonio Bustamante .- Hasta hace bien poco siempre pensé que la palabra “transparente” era sinónimo de algo claro, limpio, puro, nítido, cristalino o impoluto. El proyecto de Ley de Transparencia me ha abierto los ojos y me confirma que, al menos para este gobierno, “transparente” es igual a invisible, opaco, sombrío, turbio o sucio.
Rajoy anunció durante su discurso de investidura su voluntad expresa de impulsar una Ley de Transparencia, aunque en ese momento no llegó a concretar nada al respecto. Pocos meses después, durante sendos viajes a Asturias, ya nos adelantó algunos matices de esta importante Ley que, de alguna forma, nos devolvería parte de la dignidad robada a los españoles.
Rajoy anunció durante su discurso de investidura su voluntad expresa de impulsar una Ley de Transparencia, aunque en ese momento no llegó a concretar nada al respecto. Pocos meses después, durante sendos viajes a Asturias, ya nos adelantó algunos matices de esta importante Ley que, de alguna forma, nos devolvería parte de la dignidad robada a los españoles.
En febrero la definió en Oviedo como “una ley que exija responsabilidades políticas”, porque, según nos comentaba, “hay que gobernar bien y cuidar bien el dinero del contribuyente, que le cuesta mucho pagarlo, porque le cuesta mucho ganarlo".
Un mes después ahondó un poco más en el tema y confesó que la ley desvelarían los enchufes de la administración y que permitiría a los ciudadanos saber en qué gastan su dinero todas las administraciones, recalcando que el dinero que gastan las administraciones “no cae del cielo, sino que lo pagan todos los contribuyentes cuando consumen y pagan el IVA, la renta o compran gasolina”. Por ese motivo consideró que es importante que los ciudadanos sepan qué uso se hace de esos fondos y que la ley también incluiría “un mecanismo de responsabilidad para aquellos gestores que hagan mal uso del dinero público”.
Al final, y visto el proyecto de Ley, todo quedó en agua de borrajas, ya que no solo no va a aportar ni un solo gramo de transparencia, sino que convertirá la opacidad en legalidad al considerar que a cualquier solicitud de información sobre contrataciones públicas, subvenciones, programas anuales o ayudas se podrá responder con “silencio administrativo”, siendo además innecesario dar ninguna motivación. O dicho de otra forma: “pregunten lo que quieran, que contestaré si me da la gana”. Para esto no se necesitaba una nueva ley, señor Rajoy, esto ya lo conocíamos.
Los adalides de la gestión y abanderados de la honradez y transparencia se han superado esta vez, plasmándolo, para más inri, en una Ley que legaliza lo opaco, lo turbio y lo sucio.
De república bananera, oigan.
De república bananera, oigan.

