Cartas de una sombra

José Antonio Córdoba
Exaltación de la Santa Cruz
José Antonio Córdoba.-Existe una historia con varios siglos de antigüedad, que nos remonta en esta ocasión al año 614 a la ciudad de Jerusalén. Por aquella fecha la invasión persa era imparable y la misma acabó con el asedio y conquista de la ciudad santa de Jerusalén, por parte del rey Cosroes II. Así nos cuenta la historia que este rey persa arrebató del santo sepulcro el madero de Cristo y se lo llevo a su corte donde lo dispuso a sus pies en su trono, mostrando de este modo su total rechazo al cristianismo.

El mundo cristiano habría de esperar hasta el año 628 cuando el emperador Heraclio derrota a los persas y recupera la Santa Cruz, devolviéndola a Jerusalén. Para impedir otro sacrilegio igual, el madero santo fue despiezado en tres grandes trozos, enviados a Roma, Constantinopla y Jerusalén. El resto de la Cruz fue hecho mil pedazos y repartido por diversas iglesias de la cristiandad.
 

Pero es el de Jerusalén, el que años más tarde volvería a perderse, esta vez, definitivamente. Sacado por lo cruzados de la ciudad para encabezar a las tropas que se iban a enfrentar contra las de Saladino, en Tiberíades. Esta fue una batalla decisiva en la unificación de Saladino del mundo musulmán conocido. Los cruzados sufrieron la mayor derrota conocida hasta el momento. Esta batalla sería conocida por la historia como la de “los Cuernos de Hattin”
 
Según parece ser cuando Saladino recibió el trofeo de esta victoria, la cruz de los infieles, descrita por él como:”un pedazo de madera recubierto de oro fino, con incrustaciones de perlas y piedras preciosas”. Procedió a enviársela a su califa a modo de prueba de vasallaje, pero principalmente de victoria sobre el infiel, asentado en las tierras del profeta.
 
Curiosamente y pese a esta pérdida histórica para el cristianismo, todos aquellos miles de trozos del madero santo, serán conocidos con el paso del tiempo como VERACRUZ.
Esta exaltación celebra la recuperación de la Santa Cruz, por parte de Heraclio y el júbilo que supuso para el cristianismo.

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