Cartas de una sombra

José Antonio Córdoba
¡Al grito de Viva…!
José Antonio Córdoba.-De pasado turbio, renegados de la sociedad, de amores difíciles, incomprendidos, rechazados, pobres o ricos, todos eran válidos para el sueño de un hombre. Un simple mortal, pero gran militar, y sobre todo, amante de su España.
Todo arranca con la tristeza de un buen militar al ver centenares y centenares de soldados de reemplazo perecer ante las tropas indígenas del Norte de África. Tal fue su estupor, que se propuso crear un cuerpo donde un solo hombre valiera como diez.

Sus maniobras políticas, pero principalmente su carrera militar le abrieron las puertas en el gobierno de la España de 1920, para dar forma oficiosa a su sueño. Un sueño donde la vida pasaba por el sacrificio, el honor y la muerte.

Mi general vivió el espíritu de la Legión Extranjera de Francia. Pero además supo unir bajo una misma bandera, el más estricto régimen militar, acompañado de (rectitud, valor, benevolencia, veracidad, honor y el deber de la lealtad) Concretamente asimilaba el carácter militar de los antiguos Tercios de Flandes, conocidos por su bravura sin igual, sobre la base espiritual del código samurái, el BU-SHI-DO.
 
Este hombre sin igual hasta la fecha, fue el General Millán Astray, y a sus valerosos hijos en adopción, se les conocerá desde ese mismo momento como Caballeros Legionarios, quienes formarían en un principio EL Tercio de Extranjeros,  posteriormente y hasta la fecha, La Legión.
 
Aunque en la actualidad se pueda pensar de ella, La Legión, que es un cuerpo más, anda bien equivocada esta apreciación. El Caballero Legionario, no nace, tampoco se hace, éste solo es moldeado, se le liman las asperezas. Así como el escultor saca de la piedra la figura que se oculta dentro, La Legión, saca a la luz a ese guerrero que habita en nuestro interior. Se le dota de una vida pasional y espiritual. 
 
El Caballero Legionario, por muy lejos que esté de su Bandera, siempre será legionario, será hombre de fe, será ejemplo mismo, de honor. Unidos a un solo ideal, defender nuestra Bandera hasta la muerte, con o sin uniforme.
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