Por la dignidad del Católico

Cofrade
Cada día me doy cuenta de que el cristianismo católico, en estos lares, se estás diluyendo, se está convirtiendo en sombras mudas frente a otras religiones sectarias
José Antonio Córdoba.-Que legalmente se nos permita convivir con ellas, no es de políticas recientes. Lo que sí es de políticas recientes, que el católico, deba de sufrir acoso y derribo día sí, noche también.
Se nos pide al cristiano respeto hacia las otras religiones o creencias y, debo decir que el cristiano es respetuoso con las otras religiones, pero lo es menos con los  grupitos sectarios que te abordan educadamente, trayendo entre sus brazos la Palabra de Cristo (recién salidas del horno), estos queridos amigos, no son religiones en todo el esplendor de la palabra.

Que hoy en día se considere algo irreal que se adore a una Virgen (tronco pintado), como me lo han definido algunos. La imagen es un puente de comunicación entre la persona que reza y la divinidad. Como aquél que reza a Iniesta, Sergio Ramos y demás de la ROJA, para que consigan un triunfo. ¿No adoráis a unas figuras coloreadas?, la gracia que a ellos les importa tres puñetas lo que ustedes estéis rezando.

El mundo es más simple, así lo dejo claro Mahatma Gandhi, y solo a nosotros nos corresponde el convivir es paz.
Como soldado de Cristo, mi labor es mantener su nombre vivo, permitir al cristiano católico vivir dignamente. Y Para ello esta columna va a ir sufriendo una transformación especial.
Nadie está libre de tirar la primera piedra, pero los católicos caminaremos con la cabeza bien alta, haremos de nuestros símbolos parte viva de nosotros, y allí donde lleguemos, lo haremos con paso seguro, un pies tras otro. Y solo nos postraremos  ante nuestra Sra., o su Hijo.
Creo que ya ha llegado el momento de llamar al orden a los Caballeros de Cristo, para que cumplan su misión en este inframundo. Salvaguardar la imagen y las enseñanzas de nuestro Señor en la Cruz. Ellos han visto las puertas del otro mundo, pero les ha sido denegado el acceso. Son guerreros que han de  combatir en esta vida, para después poder entrar a formar parte de esa Corte Celestial que acompañará a nuestro Señor en su Advenimiento.
 

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