El Bien Común…. de romería
¡ Ay, Rocío, ¡ Ay, España, ¡ Ay Sanlúcar, cuantas cosas, cuantas veces, y cuantas rosas tendidas a tus pies, entre el fin de año y los deseos y promesas de las doce uvas, entre el balompié del Atlético sanluqueño, el bilbaíno o el blaugrana, entre tus carriolas y caballos y las promesas políticas en cada discurso constituyente.
¡ Ay Almonte, ¡ Ay, Aldea, ¡ que vuelve tu Rocío de fecha fija ¡, con sus sencillos mensajes de flauta y tamboril, de puerta en puerta, de plaza en plaza, avivando los recuerdos, encendiendo las memorias y pegando aldabonazos de música vegetal en cada corazón entumecido.
Aquí nos tienes a todos, de romeros, peregrinando por estos esteros de la baja economía desde allá, por lo menos, aquel 2008 cuando las hipotecas sonaban a gloria, las notarias a plusvalías, y hasta las rentas tributarias nos sonaban a devolución.
Que aquí nos tienes otra vez en tu romería, Rocío, porque rocío eres, de bártulos y avíos, de arenas y camino, como un pregón rítmico de fiesta en primavera, como una cartera recalentada con cincuenta, veinte, quince céntimos de menos, como un bolsillo sin alcance, una garganta rota y una letra de fandango sin solución.
Así, volverá a tus calles, Aldea, con el olor a romero y a pinares, volverá la Paz almonteña , y algo volverá a modo de susurro de cañaverales, porque por decir hay que decirlo, susurro de manos abiertas en un más pedir que dar, rogar que entregar, reclamar que donar.
Serás Aldea, simplemente Rocío, pito y tamboril, charla del amigo, baile ocasional y esas sevillanas que traducen el ritmo lento de tu día a día, de tu mayo a mayo y de tu abierta luz a los barquitos del río, a los caballos y al negro toro pendiente siempre de la última faena. La faena del trabajo, de la economía compartida, de la cooperación hacedora de gérmenes productivos, estos sí, brotes verdes.
Ay, Aldea, mujer tú , de carne y hueso, como las gentes que rezarán, pedirán y suplicará a la Virgen por mil razones, con cien motivos, con diez canciones y una única devoción.
Tú, Aldea hoy de grande nombre y mil poemas para tu apellido, Rocio. Porque eres pan caliente para llevar, la inercia de la pena congelada, una elegancia disfrutada, sabiduría heredada, y una ruleta para la ilusión.
Y algunos dicen, que digan, que la fuente de todo es la Razón, el entendimiento, en esa ilustración envanecida que arrincona al arte y al color, al culto sagrado y además, más, porque arrincona la memoria de mis bisabuelos, cien mil sagas inmemoriales… y quizá más.
Porque quizá el hombre es más hombre por un sueño, esta devoción, una Fe, cualquiera que fuese…. Y la Razón, si claro, esa razón más o menos objetivable, más o menos formal, protocolizada, decidida, convenida, porque y sobre todo el Hombre es Hombre por esa forma de mirar al cielo y de pensar, ¿ soy yo, quién ?, porque cuando menos, como poco, es un poema, ¿ quieren llamarlo rezo ?, ¡ qué se yo ¡
Así que ahora, Rocío, con los calores por el Camino, cuenta conmigo y a preparar el nuevo Pentecostés
Y otra cosa más, alguna cosa, que los corazones se embarquen en tu carriola y lleguen airosos a la reja … que dice el poeta:
En ángel, garbo y salero;
Cinta fina en el sombrero,
Y clavel en la solapa,
Casi arcángel que se escapa
Al son de tu sonajero.


