Codicia

Luis Antonio Mariscal Rico
"Codicia"
Luis Antonio Mariscal Rico.- La historia describirá los momentos que estamos viviendo en el presente como un ejemplo dramático de la estupidez y la codicia humanas. En el fondo todo es un problema artificial, pues la tierra alberga recursos para satisfacer las necesidades de todos, administrándolos adecuadamente. La ambición de unos pocos es la que está desquiciando el sistema sobre el que se desarrolla la vida de los seres humanos. El capitalismo, con sus diversas caras y formas según las coordenadas terrestres, está arrastrándonos a un pozo sin fondo y de un modo totalmente irracional.
 
Pensemos que todo se basa en la posesión masiva de un concepto llamado dinero. Y digo concepto, porque ni siquiera sus poseedores llegan a tocarlo físicamente en su totalidad. Se trata de apuntes en hojas de cálculo que se transvasan electrónicamente de aquí para allá a velocidades mareantes y que al final del día suman (generalmente) más que al principio. Y para ello, se arruinan empresas, se venden armas a países que no respetan los derechos humanos, se tumban gobiernos, se deja a millones de ciudadanos en la indigencia, se maltrata el ecosistema, se arruinan las economías productivas y, en resumen, se hace retroceder a la humanidad hacia el pasado. No tiene lógica. Y no me van a convencer de lo contrario.
 
Las cosas tienen un valor en sí mismas, por la materia de la que están hechas, por el esfuerzo necesario para fabricarlas y por la necesidad que la sociedad tiene de ellas. Hablamos de la economía real, la que el ser humano puede entender y cuyas reglas son sencillas.
 
La especulación, esa desviación perversa de las reglas del mercado que campa a sus anchas actualmente sin que nadie parezca ser capaz de contenerla, provoca la distorsión de la economía real y, finalmente, su extinción. La especulación manipula el precio de las materias primas para encarecerlas mediante su acaparamiento, decide la medida del esfuerzo para su fabricación deslocalizando fábricas en busca de paraísos de mano de obra barata, y crea necesidades en  los seres humanos que generan a su vez dependencias que más tarde pasarán a ser objeto de nueva especulación… Y todo mediante el dinero, la masiva disposición del itinerante y apátrida dinero.
 
Los políticos no tienen creatividad, ni imaginación. Llegan al poder y se adocenan, sean de un extremo ideológico  o de otro. Toman el testigo, con las instrucciones a seguir, y se lo pasan a los siguientes, y así indefinidamente.
 
La ciencia parece no tener límites. Descubrimos partículas subatómicas que no existen en la naturaleza, manipulando las reglas de la mecánica cuántica; enviamos naves espaciales a los confines de nuestro universo; cada vez estamos más cerca de erradicar enfermedades hasta ahora innombrables; somos capaces de obtener energías limpias del viento, del sol y de las mareas cada vez con mayor rendimiento…
 
Pero la codicia humana es una fortaleza inexpugnable, un virus para el que no somos capaces de encontrar vacuna,… la causa de las mayores catástrofes que la raza humana ha sufrido.

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