Verdades y mentiras

Eduardo Dominguez Lobato-Rubio
Verdades y mentiras…en la barra del bar
Estaba echado sobre el mostrador y pidió otro vaso.  Había bebido otros dos ya. Lo único que sabía es que no estaba borracho. No podía estarlo porque seguía oyéndolos.

Aquella reunión gritaba como todos los días, como siempre, a nadie y a todo el mundo,desde la mitad del bar, con su voz chillona, estrangulada, casi rota…
–          Y la gente, ahí, de fiesta, gastándose el dinero, to el dinero, fíjarse, fijarse, ya nadie lucha por nada, por nadie…. en un  tanto tengo, tanto me gasto… y a vivir….
Bebería ferozmente hasta que dejara de oírlos, hasta quedarse ciego, sordo, insensible a las noticias, las de la mañana, las de la tarde, insensible a los tabernáculos de la noche…. También.


Borracho, sí, de manzanilla, también, y que los demás griten, que los demás digan lo que quieran. ¿ Qué importa ?. ¿ Qué le importa a nadie nada,  ni primas, de riesgo, ni balances, ni déficit….
–          Que los demás griten…..  y a vivir. Porque el hombre que trabaja puede hacer de su capa un sayo, y lo peor, el que no trabaja también,  porque a estas alturas, con lo que llevamos perdido,  pelearse, gritar, bajar los brazos y ver el fútbol…es lo que nos va quedando.
Y otra, cuando los hijos nos dicen que les falta esto, que no les damos aquello, pocos, nadie osa levantar la voz y decirles las tres verdades del barquero.  Y aún así, ¡ suerte ¡,suerte por tener hijos, suerte por tener mujer, ubérrima y hasta decente, suerte por no haber tenido que cambiar de oficio. En cambio otros… y todo por no hacer caso aaquella voz del padre tan lejana y  olvidada tantas veces.
–         ¿ Hay dinero o no ?,  preguntaba desde la calle un distribuidor, seguramente aburrido, anestesiado ya por tantas negativas en días anteriores.  Y la voz sonó tan cercana como si diera en pleno rostro , porque sonó amenazadora y cortante. Estaba plantado frente a la puerta y el otro, desde el  interior de la barra, apoyaba sus manos regordetas en la madera, mirándole fijamente con aquellos ojillos rojizos y sin pestañas.
Y parecía entonces,  que las tornas se habían vuelto, que lo acreedores habrían de suplicar sus cobros y que los clientes eran los que compasivamente habrían de determinarcuándo, cuánto y cómo pagar, si no llegar a decir…
–          La cosa está muy mala, la crisis… ya sabes… no hay un duro pa ná.
Sin embargo, en aquel bar, no se fiaba nunca. Así que hizo un gesto de asco y desde la barra le hizo un mueca eléctrica y displicente con la mano… ¡ vete ya….
… todo un ejemplo de lo que hay… más allá de la barra del bar…. 
eduardo dominguez-lobato rubio

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