Por favor, explicádmelo que no lo entiendo Parte XIV

Relatos cortos
Por favor, explicádmelo que no lo entiendo…(Y otras historias sin sentido.)
Autora:
Marta A Dunphy-Moriel                                                 English    
Décimo-quinta sesión.-Muchas veces juzgamos las cosas y a la gente sin tomarnos la molestia de conocerlas primero. Por ejemplo, cuando yo era joven siempre di por supuesto que jamás de los jamases me podría un traje de chaqueta, porque eso era de carca y estirada y, rebelde de mí, pensé que sería un ultraje contra mis principios ponerme ese uniforme gris que encadenaba y marcaba a los esclavos de capitalismo corporativo.


 Claro que también aquellos corredores de bolsa, contables, economistas y letrados que trabajaban con mi padre tampoco se tomaban la molestia de conocerme antes de juzgarme y encasillarme dentro del montón de “mamarracho” rebelde con un corte de pelo ridículo. Si nos hubiésemos tomado la molestia de hablar más de cinco minutos seguidos y sobre un tema de conversación de alguna índole o interés, nos habríamos dado cuenta que aunque éramos obviamente de distintos estilos, nuestras posiciones y pensamientos no eran tan incompatibles como inicialmente creíamos los dos al pre-juzgarnos. No sé si tiene sentido lo que acabo de decir, pero espero que me entienda, porque no sé si lo puedo explicar de otra forma… Da igual, lo importante, es que muchas veces decidimos si algo nos gusta o no nos gusta antes de conocer bien la materia sobre la que tomamos la decisión.
 

Desde muy joven, decidí que había una serie de cosas de las que estaba en contra: el capitalismo, las armas, la guerra, la caza y comer animales, las personas prepotentes… entre otras muchas cosas. Y por muy convencida que me llevé durante años ondeando la bandera de rebelde lo cierto es que todo lo que se critica en casa y de forma proporcional a lo que te quejaste: Conocí a Óscar.
Jamás de los jamases pensé que accedería a irme de luna de miel a un safari de caza, ¡Por favor! ¿Yo? ¡Jamás!
Nunca pensé que aprendería a disparar un rifle y que tendría una muy buena puntería natural…
¿Cómo iba a enamorarme de un abogado especialista en derecho de familia y picapleitos? ¿Cómo soportar a mi lado a un hombre que vivía de las desgracias ajenas, de la destrucción de familias por dinero y de la extorsión empleando a los niños como moneda de cambio? ¿Un tiburón, cazador, carnívoro y consumista? ¿YO? ¡Jamás!
Y entonces conocí a Óscar.
No sé ni cómo, ni cuando, ni porque pero conocer a ese abogado chupa-sangres me cambió la vida. Me cambió a mí. No sé ni cómo, ni cuando, ni porque pero tras mi luna de miel con ese apasionado sanguinario mi alma frágil e idealista dejó de ser quien era y se volvió lo que tantas veces de joven juzgue. Me puse mi traje y empecé a trabajar de comercial. Poco a poco y con la ayuda y guía de Óscar avancé por la empresa.
“Esto es una cacería entre humanos.”-Me solía decir-” O matas o te matan, o comes o te comen.”
La nueva yo siguió su consejo y escalé por la empresa. Cuando llegué a Directora general me jubilé. Aunque claro, a Óscar se le olvidó prevenirme de lo que iría perdiendo por el camino. Pero esa es otra historia, doctor.
 
Lo cierto es que la relación que mantenía con Óscar era de repulsión-admiración. Por un lado, la vieja yo detestaba todo lo que representaba, su actitud, sus principios, lo que hacía con mi vida pero, por otro lado, mi alma dañada y frágil le admiraba con todo el corazón, hasta tal punto, que se dejó transformar en un nuevo ser, fuerte y de instinto asesino, que nadie reconocería.
Ese viaje, ese fue el más notable de los viajes de mi historia y mi pasado, esos majestuosos atardeceres africanos y la bella luz de la sabana, la sangre de las fieras y el olor de la pólvora en mi pelo… los ojos brillantes de mi mentor y mi donde cazadora recién nacido.
Un antes y un después, el principio del fin y el fin del principio.
Óscar…
La sabana y el silencio.
La luz.
No volverás a tener miedo, mujer de hielo.
Perdone, he perdido el norte, no sé porque, pero me ha dado la risa tonta. Me está empezando a afectar la edad, ya no sé ni lo que digo en voz alta, a veces no tiene ni sentido. Pero, ¿Qué le voy a contar?
¿Mis hijos? ¡Estaban encantados! Óscar era un rol muy masculino. Le gustaba el boxeo, los coches y la caza, lógicamente. Guardaba trastos de todas sus aficiones en los armarios de la entrada de casa. Además, era un gran coleccionista de armas antiguas y autógrafos de muchos deportistas. Pero por algún motivo, el único deporte que no le hacía mucho chiste era el fútbol. ¿Curioso, no? Ah, ¿A usted tampoco? Bueno, tiene que haber gente para todo. A mí el fútbol como que ni fu ni fa pero tengo que admitir que los futbolistas en general están… ¡Vamos, doctor, que soy vieja, pero tengo ojos en la cara! ¡Es usted peor que mis hijos! Hombres, no hay quien os entienda.
 
En fin, le dejo, que tengo que lavarme el pelo que lo tengo bastante sucio. No se mofe de mí, por supuesto que hay que estar bella y bien cuidada siempre.
¡La primera persona que te tiene que ver guapa es la que te mira desde el espejo!
Iluso… ¡Cuánto le queda por aprender!
Me marcho. Espero que pase un buen fin de semana y ya charlamos otro poquitín la semana que viene. Si, en el mismo sitio y a la misma hora. Una vez más gracias por escucharme, siempre es un placer contarle estas cosas a alguien tan aparente como usted.
¡Hasta el viernes! Sí, claro, sin problemas. Adiós.
 

Comparte nuestro contenido