Muy poca sintonía

Sanlúcar Digital
{jcomments off}El equipo de gobierno sigue dando muestras de poca sintonía con los problemas medioambientales de la ciudad
SD.-La tónica general en los problemas medioambientales es la poca percepción, amen de recursos económicos, de intentos serios de mejorar nuestro medio ambiente, cenicienta en todos los programas de ajustes económicos de la ciudad y la constatación real de todas las carencias a lo largo y ancho de nuestra ciudad.
Desde luego no basta dar imagen de ecologistas con la plantación de cientos de árboles en nuestras barriadas y calles, como no le es la adornamentación necesaria en solo de algunos de los lugares más emblemáticos de la ciudad como La Calzada.


La playa, y a la altura que estamos, no muestra ningún síntoma de mejora y los que se prevén llegarán ya tarde teniendo en cuenta la gran afluencia de visitantes que se acercan a Sanlúcar desde la pasada Semana Santa.
El tanque de tormentas junto a la depuradora de La Jara  siguen estando en la picota de los irresolutos problemas de una ciudad costera.
El panorama en Bajo de Guía no es tampoco el mejor para enarbolar ninguna bandera por muy grande que sea la bandera ni  la  Q que le bordemos.
 
El ruido del tráfico, y no precisamente el de los motores, la circulación por las aceras de motocicletas y bicicletas que ponen en peligro la integridad física de los peatones, el cruce de esas mismas motocicletas por la “nueva autovía de La Calzada” por no mencionar las incontroladas botellonas con el consiguiente ruido para los vecinos que la sufren y desde luego la falta de señalización en las calles peatonales para recordar a todos, furgonetas, bicicletas y motos que están en zona prohibida para circular por ellas si no es en las horas que determina el ayuntamiento, son el pan nuestro de cada día.
 
Un considerable número de ciudadanos  debemos de sortear peligros por todos los flancos de nuestra persona para evitar un encontronazo con algún púber desbocado en su caballo metálico, repartidores en furgonetas varias, motocicletas, patines, etc.
Y como el medio ambiente es algo más que ruido y polución del aire que respiramos, no es menos la contaminación lumínica en,  principalmente, establecimientos hosteleros del centro y hasta de los vendedores ambulantes de chuches con potentísimos focos que a buen seguro no hacen ningún bien a los ojos de nadie.
 
La Feria volverá a dar muchos quebraderos de cabeza a los vecinos de La Calzada y a los que decidan visitarla porque la declaración de intenciones de Irene Garcia, en la presentación del cartel anunciador de nuestra fiesta mayor, aconsejándonos no abandonar la ciudad porque La Feria era el mejor sitio para mantener una conversación agradable con una copa de manzanilla, no se cumplirá en tanto y cuanto no se controle la orgía de bafles y potencias desmesuradas que impide dicha conversación en casi todas las casetas del real.
Si la diversión y el sosiego familiar en una caseta es más ruido que el vecino,  la batalla de La Feria la tiene Irene García perdida hasta que no ponga coto a esos desmadres acústicos en casetas, tómbolas y cacharritos incluiidos.
 
En lo referente al control de las distintas fiestas y fiestecillas marianas por doquier  se percibe la falta de respeto de unos pocos molestando a miles de ciudadanos y la dejación municipal para controlar a los que, como el viernes pasado en La Algaida y presuntamente contraviniendo las leyes que impide ese ejercicio en zonas de influencia forestal, durante dos horas y media desde las nueve de la noche,  dieron riendas suelta a su desenfreno festivo capilleril haciendo explotar artefactos cada rato, haciendo imposible a los que no participan en su entretenimiento, para concentrarse en nada durante ese periodo de tiempo a altas horas de la noche. Dificil es pensar en qué piensan los responsables de la Delegación especial de La Algaida mirando para otro lado toreando las ordenanzas municipales de medio ambiente reiteradamente como ya lo hiciera en la pasada cabalgata de Reyes en esa zona.
 
Los de siempre se acogerán a la tradición para perpetuar sus desmanes acústicos sin importarles la salud de sus conciudadanos pero los que gobiernan tiene la obligación de advertirles que la ley y su cumplimiento están por encima de sus deseos particulares para festejar a sus advocaciones con estridentes y reiterativas explosiones aéreas.
Este mismo domingo desde las nueve de la noche, estos cívicos ciudadanos de la colonia agrícola han mostrado una vez más su respeto a los derechos ajenos por los mismos motivos anteriores.
Nadie les niega su derecho a celebrar, pero ellos si niegan el derecho al descanso que tienen los restantes sanluqueños.
No es Sanlúcar, desde luego, una ciudad que se vea preocupada ni ocupada en resolver los más importantes problemas que aquejan al medio ambiente y eso es extensivo a una inmensa mayoría de ciudadanos  que solo ven en estas reivindicaciones  a ociosos e incorformistas ecologistas o tiquismiquis aburridos con ganas de fastidiar a nuestros queridos políticos.

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