La vida te da tantas sorpresas
José Luis Glez. García.-Esta es una historia que me gustaba contar a mis alumnos para que sacaran sus propias conclusiones.
Llegado el invierno, un labrador encontró una víbora helada de frío. Apiadado de ella, la recogió y la guardó en su pecho. Reanimada por el calor, la víbora, recobró sus sentidos y mató a su bienhechor, el cual, sintiéndose morir, exclamó:
-¡Bien me lo merezco por haberme compadecido de un ser malvado! Y ahí está la moraleja: No te confíes del malvado creyendo que haciéndole un favor vas a cambiar su naturaleza.
-¡Bien me lo merezco por haberme compadecido de un ser malvado! Y ahí está la moraleja: No te confíes del malvado creyendo que haciéndole un favor vas a cambiar su naturaleza.
¿Y todo esto a que viene? Pues muy fácil, a todos seguro que nos ha fallado alguien que teníamos en aprecio, alguien que pensamos que nunca nos iba a traicionar. Personas que has hecho mucho más por ellas y por su familia que ellas por ti y los tuyos. Alguien que cuando te ha necesitado para sí o para sus allegados te ha buscado y le has dado todo lo que tenias. Alguien que te paga con una moneda falsa, cuando tú anteriormente le habías dado una de curso legal. ¡Ah! y luego encima trata de justificarse ante sí mismo y ante los demás. Vamos como diría el castizo y perdónenme por la expresión: “pa mear y no echar ni gota”.
Pero nunca se termina de conocer a las personas, puede que estén codo con codo durante muchos años. Pero…… bueno quizás sea mejor que se quiten la careta alguna vez y saquen todo la iniquidad que puedan tener en su interior y que nunca creías que la tuvieran. Así sabemos, con quien en el futuro no te tienes que jugar los cuartos.
Mi abuela, mujer sin estudios, sabia por naturaleza, “castellana antigua”, y por ende muy refranera, me decía muchas veces “hijo, perderá la zorra los dientes, pero no la maña de morder”. Es decir que el “instinto”, nunca se pierde. Por muy mansa que parezca o que por su edad creas que no tenga peligro.
Como decía mi admirado Forres Gump “la vida es como una caja de bombones, nunca sabes cual te va a tocar”.
Es decir, la vida te da tantas sorpresas que como en una caja de bombones no sabes si te va a tocar el que te llena de satisfacción o el que simplemente te repugna. Pero hay que probarlos alguna vez para darse cuenta. O simplemente que se te baje el azúcar y necesites comerte uno.

