La Historia de nuestro pueblo
Bruscamente, con cierta o mucha bronca, por Decreto y ya con las faltriqueras vacías nos llega este otro nuevo Domingo electoral.
Y a muchos, la antesala, nos vuelve a parecer otro desmedido político, y palabras sobre palabras cuando andamos ya con la boca abierta tal los pajarillos en busca de sustento, los embalses laborales resquebrajados ya y las amarras sueltas en esos barcos empresariales al pairo.
Todo se nos vuelve ahora mitin, manifestación, incontables habladurías, indignidades incontestadas y bravuconadas desproporcionadas.
Difícil será, aunque no imposible, que los ciudadanos volvamos a retomar el pulso de nuestras vidas, y lo importante vuelva a ser el trabajar bien, a gusto, con dignidad y, luego, atender esas otras cosas de la vida, las verdaderamente importantes.
Y así, que cada telediario no sea un sobresalto, que lo más noticioso no sea una declaración política y que las decisiones municipales, autonómicas, estatales y comunitarias sean, eso, como los buenos arbitrajes, desapercibidas, como invisibles y en ausencia total de protagonismo.
Y que sí la política, el politiqueo, los mítines y declaraciones pasan, pasasen a un segundo, tercer, cuarto término, volveríamos los ciudadanos a retomar como argumento diario de café, la última película, el último libro de Félix J. Palma, las orfebrería Sanluqueña del XIX, las leyendas mozárabes de la antigua Andalucía o la Historia toda de nuestro pueblo….
Porque esa es otra, y es que no estaría de más, ni mucho menos, la enseñanza profunda de la Historia local en esos primeros cursos del colegio, porque tenemos temas, motivos y relevancia para eso, pongamos por caso, aquella España, Andalucía, aquella Sanlúcar de 1519 ó 1522, y porque identificarnos con el pasado supone afirmarnos en el presente y nortear hacia el futuro.
La Historia local, sí, porqué no, sin el sambenito de la obligatoriedad cuando la obligatoriedad casi siempre implica rechazo. Y así cabría la fórmula de la conferencia semanal, pongamos por caso, de la charla amena, coloquial, abierta a todas las preguntas, a todas las sugerencias.
Sabemos que no es fácil cuando los programas vienen sobrecargados y las exigencias y carencias en la enseñanza actual son muchas y complicadas. Pero siempre habría un hueco, algún claro azul en la anubarrada y acelerada pedagogía de nuestros tiempos.
Hombre, comunidades autónomas tenemos que imponen el aprendizaje del catalán o el vaso, pongamos por caso. Y, ¡ ya ven ustedes, encuentran lugar y horarios para eso.
Entonces, ¿ por qué no la historia de nuestra tierra, de nuestro pueblo, de nuestra gente, de nuestra calle e incluso, de nuestra propia casa?. ¿Por qué no ?
eduardo dominguez-lobato rubio

