Cartas de una sombra.
José antonio Córdoba.-Las investigaciones modernas nos han revelado que el ser humano ya empleaba este material hace algo más de dos millones de años. Desde entonces, la piedra en sus diversas formas, colores y composiciones forma parte de nuestra vida.
Cuando te pones a revisar anotaciones y mayormente grandes preguntas sin sentido, te das cuenta lo “absurdo” –y lo señalo entre comillas- que es querer mantener la mirada en un elemento tan básico, pero a su vez rico en la naturaleza del universo. Pero sinceramente, lo absurdo, es lo que nos permite movernos libremente entre los mundos; entre los conceptos y los prejuicios. Por ello sigo después de algunos años fomentando la maravilla de la piedra, y del uso que el ser humano ha hecho de ella. Mientras sigamos formando parte de este elemento sólido que es nuestro cuerpo, seguiremos vinculado a la piedra con sus curiosas formas y composiciones.
Hablando de este presente nuestro tan futurista, podemos cometer el error de vernos, fuera de la Tierra, en mundos de metal y otras aleaciones modernas. Aunque sinceramente, pensemos, “cual fácil sería poder meter en una botella, todo el aire del planeta” El aire, el ser humano y la botella, esas ciudades de metal. Estamos más de lo que queremos aceptar vinculado a la piedra. La piedra nos ha sentido nacer como especie y será ella la que nos vea perecer como tal.
Lejos de los conceptos religiosos y metafísicos, estamos vinculados a este Universo lítico del que formamos parte. ¿Qué pueden existir otras especies, no vinculadas a la piedra?, no discrepo y acepto, pero simplemente no es la nuestra, si realmente evolucionamos, lo hacemos hacia nuestro origen, la tierra. Nos volvemos sustrato de la piedra.
Quiero pensar que los grandes monumentos líticos, más allá de un simple rito funerario es una manera de recordarnos a los vivos la importancia de la piedra.

