En paro biológico
Y seguimos como la Pesca…en paro biológico Y seguimos estando, estamos, entre el Guadalquivir de la Torre del Oro y esta desembocadura vivida, Bajo de Guía, desde ayer, como hace quinientos años, hasta ese mañana, venidero, entre bromas y veras, ilusiones, desengaños, promesas y pocos éxitos.Porque el futuro nos viene de largo entre horas tensas, las de cada mañana de radio o cada noche de telediario, con violencia financiera a flor de agua, las más de las veces en oscura marea de densos mítines aclaradores de nada.
Así que aquí seguimos acurrucados esperando que pase el vendaval de ánimos exaltados, los de unos y los de otros, nerviosos problemas entre privados y administraciones, andando todos, como vamos, a manera de pesca de arrastre o de cerco, esquilmando los últimos restos de posibilidades económicas o antieconómicas, mejor dicho.
Mucho tiene que ver nuestra situación política, económica y financiera con esa jerga de la mar, de la pesca, por aquello de la conservación de los caladeros, laborales; la limitación de la pesca de inmaduros, fondos de inversión; o el desconsiderado tamaño de las redes, bursátiles.
Así hablamos de paro biológico por razones de pura supervivencia, como hablamos de paro laboral, cierres más que temporales, esperando esa repoblación de caladeros, nichos de negocio que –vaya usted a saber.
Así están nuestros mercados, nuestra economía, en fondos esquilmados, caladeros empobrecidos en ese “overfishing” que nos trajo la burbuja inmobiliaria.
Y además para mayores similitudes, incluso ahí está Marruecos, no solo como alternativa de la flota de altura o a la de juanelos, sino al empresario decidido que cruza el estrecho como quién mira hacia la Meca, esperanzado por un mercado más o menos vivo, quizá de menores reglamentaciones.
No sabemos si hablamos de biología y de pesca o de economía y finanzas, pero sí nos parece que lo mismo pinta, lo mismo, porque pescadores somos, de la mar o de la vida, pescadores del lance marinero o de la tajamar abierta a nuestra cuenta de resultados donde los gastos ya siempre son mayores que los ingresos.
Nos quedan, nos quedan las soluciones imaginativas, además del mucho trabajo, aún sin recompensa, porque cansados estamos ya de brazos cruzados y bolsillos escuetos, cargas familiares y biólogos y economistas de la mano en esa vigilancia inflexible a gobernantes desdibujados.
Pensamos que fórmulas habrá, tiene que haberlas, las que sean, más a corto que a largo plazo, siempre que garanticen a los más modestos, a los hombres de la mar, y a los de los océanos del interior, ese pan nuestro de cada día.
eduardo domínguez-lobato rubio
