Cartas de una sombra
José Antonio Córdoba.-Esta columna va a formar parte un compendio de las mismas, es decir, tiene ahora su principio, y le seguirán algunas más hasta concluir con el fin que, he buscado. Hoy traigo a esta columna de opinión, la vida de unos hombres que marcaron el devenir de la historia, tanto para los europeos como para los árabes.
Iman ad-Din Atabel Zengi, pero como todo, se le quedó Zengi. Se estima que vivió entre 1085 y 1146. Era de origen turco. La infancia y parte de su juventud la pasó en Mosul, ciudad al norte de la actual Irak, pero que tiempo atrás estuvo bajo la influencia de Nínive, una importante ciudad asiria, concretamente la propia capital del Imperio Asirio.
Como iba diciendo, Zangi, se crió en Mosul, en la casa de Kerbogha, quien era gobernador de esta ciudad. El motivo que llevó a Zangi, hasta aquí fue la acusación de traidor y posterior ejecución de su padre, Aq Sunqur al-Hajib, quien hasta ese fatídico momento gobernaba Alepo.
Las ciudades de Mosul y Alepo, que fueron gobernadas por Zangi (1127 y 1128), acabaron unificándose bajo el mandato de este gobernador o atabeg. Este cargo lo ostenta gracias al sultán selyúcida Mahmud II, a quién el gobernador había ayudado a trono.
Las hazañas de Zangi lo llevan en 1135, hacia Damasco a tomar la ciudad, pero la situación se le vuelve en contra al no contar con ningún apoyo dentro de la ciudad. El ejército de Zangi se instala al noroeste de la ciudad esperando poder encontrar un punto por el que atacar, pero lo obstinación de los asediados del defender con su vida la ciudad, lo hace capitular y llegar a un acuerdo algo deshonroso para este atabeg.
En 1137, Zangi se dispone para asediar Homs, ciudad de gran relevancia en la Siria Central. Pero el miedo del gobernador de Homs, le hace firmar a toda prisa una paz con Zangi, con el objetivo de evitar la batalla, además de proponerle tomar la plaza cristiana de Baarin.

