Cartas de una sombra

José Antonio Córdoba
Un inmortal demonio II
José Antonio Córdoba.-Mientras despunta el alba, y los rayos de sol, avanzan sobre la las sombras de la noche. En las calles, apenas unos minutos atrás, sin movimiento alguno, ahora se vuelve un lugar  agitado. Entre los escombros, amasijos de hierros y algún destartalado mobiliario urbano, civiles intentan continuar con su quehacer diario. Tres edificios tipo torre, limitan esta plaza, ambos controlan en todo su esplendor la avenida principal de este insignificante punto en el mapa de la Tierra.

 
Me cuesta trabajo pensar, si estas gentes que van y vienen son conscientes del peligro que se cierne sobre ellos. Algunos soldados de un bando u otro, se arriesgan a salir de sus posiciones para ayudar a algunas de estas personas. Aunque la mayoría de las veces los disparos de los otros los acorralan en algún punto de esta avenida.
 
Desde hace unos minutos aviones de combate no dejan de sobrevolar la plaza y la avenida, los soldados de ambos bandos miran al cielo esperando el silbar de las bombas o de misiles, pero solo se escucha el tronar de los motores de estos aguiluchos de metal. He intentado cambiar de posición, pero me ha llamado la atención que las tropas de ambos ejércitos aquí atrincherados, se están movilizando, están saliendo de sus posiciones como si ignorasen al otro.
 
Al comienzo de la avenida, una nube de polvo se acerca imparable hacia nosotros. Poco a poco todo a mi alrededor está temblando, un temblor familiar y preocupante. El silencio sepulcral de mi radio, se rompe, el mensaje es claro “¡no abandonar la posición”, “abrir fuego”. Observando la nube de polvo, puedo distinguir los distintivos de las fuerzas de paz.
 
Es una columna formada por tropas y carros de combate. Antes de poder reaccionar estas tropas empiezan a recibir fuego enemigo desde la plaza. Cuando intento localizar el origen de los disparos, las torres empiezan a desplomarse por los impactos múltiples de los obuses provenientes de los carros de combate. ¡Esto se acabó!

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