Miarma

José Luis Zarazaga
El turista accidental
José Luis Zarazaga.-En vista de cómo se pone el patio cada vez que a este que subscribe, su humilde desarticulista, le da por escribir cuatro letras, hoy no vamos a hablar de la maravillosa calma opositora que se vive en nuestra Casa Consistorial.
La pregunta es bastante compleja: ¿Dónde está wally?, perdón, ¿dónde está Antonio?, misterio por resolver, quizás esté ejerciendo de turista accidental, vaya ustedes a saber. Ah, el turista, ese amable miarma que nos acompaña cada estío y para el cual el verano significa ocio, todo eso está muy bien, pero el problema le surge cuando tiene que poner en práctica dicho concepto para poder veranear en nuestra localidad. Cuando nuestro simpático miarma decide desplazarse a Sanlúcar para disfrutar de unas excelentes vacaciones no se imagina que ahí empieza el mayor de sus trastornos: atascos en las entradas a la localidad, avenidas levantadas, caos circulatorio, baches y un largo etc.
   Esa misma noche intenta dormir y no puede pegar ojo debido por una parte a los aromas que le llegan de cierta depuradora estratégicamente colocada y a la música estridente que regalan sus oídos desde la botellona cercana, pero da igual ya que son sus vacaciones y el no está dispuesto a claudicar por lo que sigue en la cama intentando mantener los ojos cerrados para poder decir en el bar. “Hoy me he levantado a las doce de la mañana que para algo son mis vacaciones”
 
    Como dormir es del todo imposible, chándal que te crió y antes de comprar su ración de pipas para poder pasear por la playa, baja al bar y con un tono que tiene de todo menos gracioso le espeta al camarero, que está despierto desde las cinco y media: “un café con leche y unos churros". Ya un poco indigestado por esa masa aceitosa que se acaba de apechugar se encamina a la playa y al pasar frente al chiringuito se encuentra con sus miarmas de cada año. Hoy he dormido hasta las doce, vuelve a insistir. Pues yo no he pegado ojo por la peste y la botellona, se lamenta un miarma apocalíptico, que de todo tiene que haber en este mundo.
 
   Como ya está cercano el medio día y es costumbre nacional, se impone una cerveza en el chiringuito playero, una ronda propone uno, unos boquerones fritos propone otro y por último todos proponen un bote  de bicarbonato para contrarrestar la indigestión que les ha entrado al mirar la cuenta.
 
  A las cinco de la tarde una vez despachado los niños con todos los bártulos en playa, se debe practicar el noble arte de la siesta; como no hay costumbre y la María apremia, pues hala directo al Mencabrona,  donde las colas llegan a la sección de perfumería. A las ocho ha quedado para intentar colarse en una urbanización cercana a jugar un partidito de pádel. A las nueve de vuelta al chiringuito, eso sí con los músculos tonificados. A las diez cena casera acompañado del resto de los ocupantes del apartamento y a las once se dispone el dispendio de un cubateo en la nueva discoteca que ha abierto este verano. A la una después de contar lo bien que le van a las vacaciones, ya no sabe ni lo que está bailando. Dejémoslo aquí porque a partir de esa hora se empieza a disfrutar de una fase de fraternidad universal.
 
   Pasado el mes de agosto, nuestro querido miarma accidental, volverá a su rutina y exclamará ¡menos, mal, Dios mío!
 
   Para terminar y a riesgo de que algún iluminado se tome esto a mal, quiero aclarar que solo es una ironía nada más. Amigo Kaipionis no te preocupes que seguiré admitiendo comentarios sobre todo si son como el de nuestro amigo Un Comunista, no sé yo si las tonterías que dice son  fruto de la senectud, para mí que este personaje de catadura moral un tanto incierta  y además de cobardía demostrada al no poner su nombre, se ha fumado un paquete de chufas. Joder que aún estoy riéndome.
 
   No os lo toméis a mal, pero puede ser que alguno se haya intoxicado desde el balcón del restaurante de Bajo de Guía con los olores de la tubería.
   Menos mal que soy ateo y republicano por la gracia de Dios y no estoy en vacaciones.
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