Apatía

Luis Antonio Mariscal Rico
"Veo la foto de la Alcaldesa en procesión tras no sé qué imagen. Va de riguroso negro, acompañada en escrupuloso orden del resto de la corporación municipal y del bastón de mando de la ciudad"
Luis Antonio Mariscal.-Escribir un artículo sobre política local en este pueblo se está convirtiendo en un reto cada vez más difícil, si el que lo escribe no quiere caer en la chabacanería o en el aburrimiento. Confieso que las elecciones de mayo han dejado en mí una secuela de apatía política que no logro superar –tampoco me estoy esforzando mucho en conseguirlo, la verdad sea dicha. Cuatro años más de lo mismo es como para que a uno se le esponje el cerebro intentando hacer de cronista de la actualidad sanluqueña. El panorama político y social que se presenta ante nuestras atribuladas narices es como para llorar. Yo creo que todo se ha dicho ya sobre estos advenedizos y arribistas de la política que dicen representarnos en el Gobierno de Sanlúcar.

 
 No creo en ellos ni en sus intenciones, lamentablemente.
Pero hay que intentar escribir algo, aunque sólo sea por liberarse de la carcoma que esta situación le produce a uno. Lo primero que me viene a la memoria es la delirante imagen de los dos accesos más importantes de Sanlúcar totalmente colapsados por las obras de la Calle Puerto. Ni un solo agente de la autoridad ha estado presente –yo no les he visto ninguna de las veces que he pasado por allí estos días– para poner orden en ese inmenso caos de tráfico, para organizar la riada de vehículos atrapados en la antigua rotonda de los jaramagos y aledaños. ¿Era necesario causar este perjuicio a los ciudadanos justo cuando comienza la llegada de visitantes en busca de un lugar agradable donde descansar y disfrutar unas semanas? Alguien tiene la corteza cerebral ubicada en la región hemorroidal, no me cabe duda. Los ciudadanos llevamos años pidiendo una solución para este vial tan importante de Sanlúcar: ni caso; pero he aquí que llegan las elecciones locales, y entonces –sin pensar en las consecuencias tan negativas que una obra de este tipo y en estas fechas causan a la imagen de la ciudad– se abre en canal la entrada principal de Sanlúcar. Como siempre, pensando en lo mejor para el pueblo.
 
Veo la foto de la Alcaldesa en procesión tras no sé qué imagen. Va de riguroso negro, acompañada en escrupuloso orden del resto de la corporación municipal y del bastón de mando de la ciudad. Recordando fotos similares del antiguo régimen nacional católico que machacó este país durante 40 años, eché en falta en esta foto el palio. Por lo demás, la viva imagen de Franco en los mejores años de la dictadura.
 
No hemos cambiado mucho. Por dicha razón, me puse en contacto con el Gabinete de la Presidencia de Zapatero. Le envié un correo electrónico con la susodicha foto–denuncia y unas palabras en las que le hacía partícipe de mi confusión y zozobra ante estos hechos.
 
No me quejaba de que una ciudadana devota cumpliese con la liturgia de su fe, sino de que el Estado aconfesional español se estuviese identificando con el catolicismo por la decisión irresponsable de una Alcaldesa “socialista”. No esperaba gran cosa de respuesta, oyendo a Pepe Bono evangelizando desde su sillón de Presidente del Congreso día sí y día también, pero la que recibí ya sí que me descolocó del todo.
 
Decía escuetamente así: “Por indicación del Presidente del Gobierno, contesto al escrito que le ha dirigido en el que expone su queja sobre la actuación de la Alcaldesa de Sanlúcar de Barrameda. Con el respeto que merece la pluralidad de opinión, atentamente”. Tócate las mandolinas. ¿Para esto 150 años de partido socialista en España? ¿Esto es lo que entiende el Secretario General del PSOE por Estado aconfesional? ¿Una cuestión de “pluralidad de opinión”? ¿De habernos salido capillita le hubiéramos visto en procesión a la Almudena? ¿Qué broma es esta? Este tipo de comportamientos indignan a los ciudadanos.
 
¿Tenemos una política de juventud en este pueblo? Leo recientemente en este medio que no sé qué hermandad (¿?) convoca a los ciudadanos a un concurso de altares. A ver quién hace el altar más primoroso. Me rasco el cuero cabelludo a la vez que arrugo la nariz: no puede ser verdad, me digo a mi mismo sin mucho convencimiento. ¿Esta es la oferta sociocultural que este pueblo es capaz de generar? Me hundo en la melancolía.
 
Hay personas que se dedican en exclusiva –y cobran por ello–a diseñar actividades para que nuestros jóvenes utilicen su tiempo libre con inteligencia y provecho,… ¿y una cosa de estas se abre paso entre el resto? ¿La delegación de juventud entiende que hacer altares es muy apropiado para la salud mental, social y cultural de nuestros chicos? Yo creo que esto es un pitorreo. Estamos en una dinámica perversa que impide el florecimiento de ideas frescas y novedosas. ¿Por qué no realizamos un centro cívico para que niños, jóvenes adultos y ancianos tengamos un lugar de esparcimiento donde disfrutar de algunas horas al día?
 
En lugar de tanta subvención para adornar altares y pasear vírgenes y santos, se podría emplear más presupuesto para este otro tipo de instalaciones: biblioteca, sala de ordenadores, guardería, actuaciones musicales y teatrales todo el año, etc. Esto existe en otras poblaciones, no me lo estoy inventando. Para lo que nos cuestan estos delegados de chufla que nos hemos dado que les envíen una semana a otras ciudades para que aprendan que hay otra vida a parte de los penitentes y los altares.

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