Entre la Economía y la Primavera
A medio abrir, o a medio cerrar, así oímos entre charlas de acera, colas del pan o barras de aperitivos a las gentes de la economía de verdad, las del día a día, entre empresa y empresa. Eduardo Dguez. Lobato-Rubio.- Y no bastan ya ni los artículos tímidos de luminarias más o menos previsibles para primeros de año, ni los carteles anunciadores de ayudas del ICO para empresarios o autónomos.
Lo malo es que nadie ya se fía de nada ni de nadie, todo es papel, letra sobre letra, titular sobre titular, pero papel, sin mayor aval que una foto adjunta mas o menos ilusionante o simpática. Los unos por los otros y los otros por los unos, hay programas que más bien parecen aquellos antiguos de “Cesta y Punta”, donde los colegiales se afanaban por posibles victorias sobre el adversario.
Lo que aquí ocurre es que los adversarios somos nosotros mismos, y la política va a quedar para unos, para ellos, bueno, lo que ahora se llama hacer política, que cada día hemos de luchar, ahora, contra nosotros, los mismos, los de siempre, los del espejo, los que ya sufrimos alguna vez el “no” del banco, el traspié del impagado o la desesperanza de una Agencia Tributaria en afanes recaudatorios que no en la comprensión hacia el “contribuyente”.
Así que, a la espera de la menor deflación, algún color verde de activación económica, o una mejoría de la teoría darwinista, ¿quedarán los mejores?, solo nos queda eso, ¡somos grandes y podemos!. Por lo menos nos queda la palabra, siempre nos quedará la palabra y unas letras por escribir.
De todas formas hoy estoy contento, como casi todos los días, porque aunque hoy este lloviendo, ya por fin, se notan los calores de la primavera, han brotado estos colores, desde sus tallos espigados, verdeantes y flexibles, irreprochablemente erguidos.
Porque ,en algún momento, meses atrás , alguien abrió una brecha, ineludible hoyo a golpe de azadón, en la tierra valiente, atormentadamente abonada y enviciada antes por los mil yerbajos fragantes de todas las primaveras. Hoy ya está en su color, quizá en tierra jareña o barrialteña, en algún arriate de bonanza o asomado a los alcorques del viejo paseo de Bajo de Guía.
Tierra con olor a tabaco, aterronada por cien raicillas, ahora fresca y recién regada por las aguas de la primavera, rebeldes, tenaces e indeterminadas. Ahora los tenemos ahí, casi en un suave erotismo de vivos colores y olores, en una especie de ritual fecundador y acariciante.
Esta es la primavera que desembarca en Sanlúcar, como un encantamiento y una magia que a lo mejor nos trasmite un indeleble sentimiento de sanluqueñismo andaluz, como un retazo de música, andaluza a ser posible.
