Cartas de una sombra
José Antonio Córdoba.-De ella quiero recalcar como he hecho otras veces, lo primero: “yo no escribo por imposición, coacción o consejos de otras personas.” ( Ver columna anterior)
Tercero: “quiero pedir disculpas públicamente Diana Arenas, por las molestias que mi columna anterior le ha ocasionado ante la dirección del citado centro”.
Cuarto: “quiero pedir disculpas a Diana, por haber sido una buena tutora con mi hija; por haberle permitido ser lo que es, una niña de cinco años.”
Quinto: “quiero pedir disculpas a Diana, como profesora interina que ha sido de mi hija, por haber mostrado comprensión y unidad a los padres de preescolar de cinco años”
Sexto: “quiero pedir disculpas a Diana, pues como docente preocupada por sus alumnos/as.”
Séptimo: “quiero pedir disculpas a Diana, pues como persona, ha demostrado su valía y coraje. algo que otras personas apenas llegan a imaginar como es.”
Octavo: “quiero pedir disculpas a Diana, pues como padre, ¡yo!, no podía por menos que dejar de agradecer su profesionalidad, algo que quizás ha rozado los límities del enardecimiento.”
Noveno: “quiero pedir disculpas a Diana, pues siempre he defendido que, a la persona cuya valía es probada hay que reconocerla en vida, en el momento, ¡y no!, cuando se ha ido.
Por ello reconozco que mis palabras han causado un daño a esta profesora, pero no por las letras de un padre que ha expresado su opinión (fin de esta columna)

