De los tayos a lo cenotes.
Algunos desde pequeños nos hemos pringado la mente con lecturas sobre temas, que lejos de crearte un concepto estereotipado, nos echa a un lado, como esas naranjas que no cumplen el diámetro para poder ser empaquetadas para su posterior venta. José antonio Córdoba.-Pero aquí seguimos leyendo, y estudiando textos que nada tienen que ver con lo real o, será lo real lo que no tiene que ver con lo que escriben estudiosos y científicos de lo paranormal.
Una de mis lecturas en edad temprana fue el “Oro de los Dioses”, del insigne Erich von Däniken. Fue un libro que tomé casi como mi biblia particular. Con los años y lecturas varias, comprendes que esa biblia particular hace aguas, no por falta de argumentos, sino más por las extravagancias de autor.
Cuando leí por primera vez el capítulo del mencionado libro, donde se hace referencia a la Cueva de los Tayos, quedé impresionado y aún lo sigo, por que fuera parte extravagancias, el dar a conocer en aquellos tiempos lugares tan hermosos, mágicos y cósmicos, no es para desechar por meras cuestiones ideológicas o sociales.
Tras visionar la película “El Santuario”, me avivó esa necesidad de recuperar del estante el libro de Däniken y ojearlo, detenerme en las descripciones que realiza de los Tayos. Cierto que el hombre, es digno de elogios ante grandes proezas. Pero que podemos decir de la Naturaleza, esa Naturaleza que nos cobija y aún nos sigue demostrando que todo, absolutamente todo, lo que conocemos de ella, es en un concepto liviano.
Los cenotes son verdaderas maravillas del mundo, con fauna y vegetación propias, y donde
quién sabe, quizás fueran los cenotes, esas míticas cuevas donde los dioses crearon a la raza humana, y tal como los cenotes viejos se desprenden de su cúpula para dejar entrar la luz solar en su santuario. Nosotros los abandonamos maravillados por el sol y la luna.
