La mar de los poetas.
Es el mar, la mar de los poetas, objeto de grandes historias, hazañas, conquistas, amores y sobre todo tragedias. José Antonio Córdoba.-Desde tiempos remotos la navegación ha supuesto un pilar básico en la evolución y expansión de muchas culturas. Podríamos decir que cualquier tribu, o pueblo de ribera o litoral, fuese cual fuese su desarrollo socio-cultural, la navegación era algo innato en ellos.
Hoy, podemos disfrutar de esas inmensas naves que surcan mares, océanos y ríos, contemplándolas sin más, solemos maravillarnos de sus dimensiones o colosales bellezas, pero poco más. Pero allá en el tiempo, cuando la madera o el cáñamo eran conocidos por su particular flotabilidad, todo era muy distinto. En esos tiempos remotos, adentrarse en la inmensidad de esas masas de aguas desconocidas, era un viaje de ida, donde el regreso o, incluso el arribar a otro puerto, consistía a partes iguales, en la pericia de los navegantes, buena meteorología y no menos importante, de la docilidad de las aguas por las que navegaban.
Siluetas oscuras, casi fantasmales que surcaban las aguas marinas, de este planeta. Muchas de ellas hoy decoran los fondos marinos, como si de grandes acuarios se tratasen.
A lo largo de estos siglos han desaparecido gran cantidad de esos puertos, que vieron partir o esperaron la llegada de esas naves marineras. Como si de un lazo casi mágico, descansan en el fondo marino embarcaciones y puertos, como si de un pacto de sangre se tratara.
Hoy no son las fuerzas de la Naturaleza, las que zozobran embarcaciones o puertos, sino el propio ser humano, en su afán de ir pero no llegar a ninguna parte, está permitiendo que los gobiernos acaben con la magia del mar, la mar de los poetas. El modo de vida y cultura de muchos pueblos.
Si no, que me expliquen, ¿qué hace un barco pesquero en una rotonda?, alejado de su medio, de sus tripulantes. Sea quizás un recuerdo para los marineros por parte de los políticos. Un recuerdo de lo que es el futuro de la pesca.
