San Sebastián restaurado

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Restauración de la imagen de San Sebastián del siglo XVII
La restauración de la imagen de San Sebastián mártir, que se conserva en la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles y San Sebastián de Sanlúcar de Barrameda, realizada en febrero de 2006 en el taller de María José Gómez Santiago y José Luis Marmolejo,1 ha devuelto el esplendor a una interesante pieza del patrimonio histórico-artístico sanluqueño. Sin embargo, a pesar de ello, todavía es una escultura bastante desconocida en el municipio. Por ello, este artículo persigue darla a conocer a un público mayor, ahora que se acerca el día de la onomástica del santo.
 Según los datos amablemente facilitados por José Luis Marmolejo al CECONOCA, el estado de conservación de la pieza era el siguiente. La escultura había estado almacenada en diferentes lugares a través del tiempo. Últimamente se guardaba en unas dependencias donde el grado de humedad era enorme.
La humedad excesiva, acompañada de épocas de mucho calor, habían desprendido zonas de la policromía al moverse la capa de yeso de la imprimación. La zona de la peana era la más afectada junto con los pies. Faltaban algunos dedos, tanto en las manos como en los pies. Toda la obra presentaba ataques de xilófagos. A pesar de todo ello su estado de conservación era relativamente bueno, gracias a la buena calidad de los materiales empleados, tanto la madera como las diferentes capas de yeso y la policromía al óleo. Por ello el proceso de restauración consistió en la eliminación de las humedades, limpieza general de la obra (tanto química como mecánica), protección contra los xilófagos, consolidación de las zonas despegadas, reintegración de los dedos de los pies y de las manos, realización de las flechas (que faltaban todas) y en la policromía final.
 
Para el propósito de este artículo, además de conocer la intervención realizada en la escultura, es complemento necesario contextualizar la devoción al mártir romano en Sanlúcar. Según Velázquez-Gaztelu en sus Fundaciones de todas las iglesias, conventos y ermitas de Sanlúcar,2 la ermita de San Sebastián de Sanlúcar de Barrameda debió fundarse hacia el año 1507, cuando el reino de Sevilla sufrió una gran epidemia, aunque la primera mención documental a la misma que encontró es de 1516.3 La devoción en Sanlúcar a San Sebastián como protector contra las pestes4 quedó especialmente manifiesta en 1612, cuando el cabildo, con motivo de otras epidemias, hizo voto de celebrar anualmente la fiesta del santo y en 1624 lo reconoció como uno de los patronos y especiales abogados de la ciudad, celebrándole vísperas y haciéndole procesión desde la parroquia de la O hasta su ermita, celebración que se mantenía todavía en la segunda mitad del siglo XVIII.5
 
Durante la gran epidemia de los años 1648 y 1649, la ermita de San Sebastián y la ermita de San Antón Abad fueron habilitadas como lazaretos, trasladándose las imágenes titulares a la parroquia de la O. En 1650, finalizada la epidemia, la hermandad de San Sebastián, quiso dar nuevo lustre a su culto, encargando una nueva imagen y el cabildo, que era patrón de la ermita y de la hermandad, dio una limosma para la reparación de la ermita, que había quedado muy maltratada por su uso como lazareto.6
Observando la escultura de San Sebastián recientemente restaurada, teniendo en cuenta lo escrito por Velázquez-Gaztelu y siguiendo la opinión de los propios restauradores, todo parece indicar que dicha escultura se trata de la imagen realizada en 1650 por encargo de la hermandad, lo que, a falta de haberse conservado la ermita, convierte a esta escultura en un testimonio único e insustituible de su existencia, lo que le confiere un valor singular para el municipio.
 
 Dicho esto cabría preguntarse ¿qué pasó con la antigua imagen del santo? Según Velázquez-Gaztelu, como ya he indicado antes, durante la gran epidemia de los años 1648 y 1649, la ermita de San Sebastián y la ermita de San Antón Abad fueron habilitadas como lazaretos, trasladándose las imágenes titulares a la parroquia de la O, “llevándose las imágenes de San Antón y de San Sebastián, donde se quedaron para siempre, habiendo perecido la de San Sebastián”.7 Esta afirmación, que parece resolver de un plumazo la incógnita, puede ponerse en duda teniendo en cuenta la existencia en la misma parroquia de Ntra. Sra. de los Ángeles y San Sebastián de otra imagen del santo, no expuesta al culto sino guardada en una de las dependencias parroquiales, y cuya fisonomía puede coincidir con la antigua imagen de San Sebastián “perdida”. Efectivamente, desde el punto de vista estilístico, la frontalidad, la morfología del paño de pureza y del cabello, la incruenta falta de sangre y la general falta de naturalidad, dan a la escultura un aspecto que bien podría ponerse en relación con las pervivencias goticistas propias de la escultura española quinientista temprana (y no tan temprana). 

Planteado esto, más allá de lo aventurado de esta conjetura, ojalá en el futuro se interviniera esta segunda imagen, lo mismo que se ha hecho con la primera, se eliminaran los repintes que la desvirtúan y mi osada conjetura pudiera convertirse en hipótesis de trabajo (confirmándose o negándose su validez), con lo que el patrimonio histórico-artístico sanluqueño seguiría ganando en interés y en dignidad, como lo ha hecho con la feliz restauración del San Sebastián de 1650.

Quisiera terminar este artículo agradeciendo nuevamente a los restauradores la información y el material gráfico sobre la restauración, gentil y desinteresadamente cedido a este centro de estudios, así como agradecer especialmente a Juan Antonio Garrido Castro, delegado del CECONOCA en Chipiona, por facilitarme las fotos de las dos esculturas en su templo y, lo que es aún más importante, por haberme informado tanto de la restauración realizada (que desconocía), como de la propia existencia de las imágenes, así como su impresión, en el caso de la segunda, de estar ante una imagen bastante antigua aunque de apariencia distorsionada. Gracias a ello y contrastándolo con lo recogido por Velázquez-Gaztelu he podido hilvanar es modesto artículo, lo que me demuestra una vez más que la observación y la generosidad son una parte insustituible en la cadena del conocimiento y del progreso humano, entendidos a la escala que sea.

 Antonio M. Romero Dorado


   1 El taller de María José Gómez Santiago, licenciada en Bellas Artes, escultora y restauradora está situado en la calle Trasbolsa nº 13, de Sanlúcar de Barrameda.

2 VELÁZQUEZ-GAZTELU, Juan Pedro. Fundaciones de todas las iglesias, conventos y ermitas de la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Sanlúcar de Barrameda. Año de 1758. (Manuscrito en paradero desconocido, trascripción manuscrita de Manuel López de Piedra ¿año?). Estudio preliminar y trascripción de Manuel Romero Tallafigo; dibujos de Cristóbal Mancha Liñán. Asociación Sanluqueña de Encuentros con la Historia y el Arte (ASEHA), Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). 1995. ISBN 84-920496-0-X. Págs. 506-508.

3 Archivo Municipal de Sanlúcar de Barrameda. Actas capitulares. Libro anteprimero, folio 126 vº.

4 Por no hablar de la archiconocida capilla bajo su advocación sita en la parroquia mayor de Nuestra Señora de la O, presidida por una espléndida pintura de Vasco Pereira, que requeriría una buena limpieza y consolidación.

5 En 1641 ocuparon la ermita una comunidad de Carmelitas Calzados, que permanecieron en ella apenas un mes

6 Según el I marqués de Campoameno la primitiva ermita tenía tres naves y un pórtico de tres arcos, suprimiéndose posteriormente en un momento indeterminado las naves laterales y quedando reducida a un sólo cañón, conservándose el pórtico. En la segunda mitad del siglo XVIII la cofradía de San Sebastián seguía existiendo, aunque muy decaída, y estaba formada principalmente por los hortelanos de la zona. El entorno de la ermita recibía el nombre de "ejido de San Sebastián" y de "Palmar de San Sebastián" (conocido hoy en día simplemente como "el Palmar"), donde actualmente se levanta la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles y San Sebastián, heredera espiritual de la antigua ermita.

7 Velázquez-Gaztelu, Juan Pedro. Op. cit. Pág. 501.

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