Del anticristo a la santidad
Hablaba la semana pasada de la batalla dual, de esa partida de ajedrez, donde nosotros, somos las piezas prescindibles. Recordemos también la mención que hacía sobre la violencia, que está en nosotros, y forma parte de nuestra genética. Y sigo pensando, que el bien, es una utopía con la que nos gusta ensoñarnos. Pero he aquí, donde aparecen, los mártires de Dios. Los verdaderos defensores de esta utopía que menciono. No son gentes exclusivas de una sociedad o estatus, son simplemente los guardianes de ese bien, un bien que al resto de nosotros nos cuesta creer o, nos hacemos falsos valedores de esta causa.
Hoy traigo a estas páginas el trabajo de unas personas que, han decidido ser el anticristo de esta sociedad laica.
Ellos trabajan para que no caiga en el olvido, el recuerdo del frailecillo de las barbas blancas, ese pequeño hombre que albergó en vida, la capacidad inmensa que el Universo tiene para regenerar la Vida. El supo dominar y hacer suya, las batallas del anticristo que todos llevamos dentro. Aliviaba a seres mortales con su presencia y sobre todo, con esos tres Avemaría, que a todo ser viviente invitaba a rezar.
Este pandito, que todos conoceríamos después como Fray Leopoldo, era el agua para la sed; el antídoto para el veneno; la luz para la sombra; guía para el ciego; pero principalmente era un mundo de paz, en este universo de violencia.
A uno que no está muy puesto en estas labores de la paz interior y aún menos en la exterior, a veces le resulta incomprensible que existan personas así. De las cuales puedes estar rodeado diariamente, sin apenas percibirlo. Pero es justo, que ellos vivan eternamente en el recuerdo colectivo, pues los que somos soldados de Cristo, sabemos que jamás llegaremos a tocar las puertas del cielo. Nuestro deber es morir, para que nuestra sangre oxide las puertas del infierno, permitiendo a estas estrellas del cielo ascender libremente, y sobre todo, seguir ayudando desde allí, desde la luz, desde el Amor.
¡Que este Nuevo Año, Fr. Leopoldo de Alpandeire, siga bendiciendo a quienes acudan a pedirle su Gracia!

