Fray Antonio de LIsboa
He estado leyendo en estos últimos días del mes de octubre, un mes tan franciscano, un nuevo libro de San Francisco titulado, “Francisco de Asís, paso a paso”. Su autor es Tomás Gálvez, franciscano conventual, andaluz de Puente Genil. Es anecdótico, que precisamente al terminar de escribir este libro, fallecía.El libro es una delicia, más para los que conocemos el mundo franciscano, y a lo que se refiere Asís, y todo su contorno Albegna, Riete. Los que hemos vivido allí un tiempo, todo nos era familiar, así como el mensaje franciscano desde los comienzos de nuestra orden hasta la muerte de Francisco de Asís.
Realmente para mí este libro ha sido una experiencia, unos ejercicios espirituales. Pero hay algo que para mí es entrañable en toda la vida de Francisco de Asís, en todo el movimiento franciscano, las primeras asambleas, como se iban reuniendo todos los frailes una vez al año. Hay algo que me llena de gozo y cierta alegría, cuando Francisco se encuentra con aquel extranjero desconocido, Fray Antonio de Lisboa. Este fraile desconocido es acogido por un provincial de las marcas y queda como el gran desconocido.
El se dedica a llevar la casa, a cuidar totalmente los aspectos domésticos, celebra la Eucaristía, como cura que era, pero pasa desapercibido. Y por aquellos días se celebra una gran fiesta en aquel convento con la asistencia de frailes dominicos, obispos, y nadie quería hablar. Por ello el guardián encargó a aquél fraile tan desconocido, como era Fray Antonio de Lisboa, que exaltara las Glorias del sacerdote. Fue tal la impresión que se llevaron los frailes predicadores dominicos, incluso aquellos obispos que estaban presentes, que llegaron a los oídos de Francisco de Asís. San Francisco, tuvo a bien nombrar a Fray Antonio el primer profesor de Teología de la Orden Capuchina.
En estos Capítulos, en estos encuentros que aparecen en el libro, entre San Antonio de Padua y San Francisco, para mí era emocionante por la devoción tan grande que siempre le he tenido al santo de Padua.
Sirva este texto mío, para felicitar a la Antigua y Real e Ilustre Hermandad de San Antonio, por la oportunidad que me brinda todos los años de asistir en peregrinación al Santuario de Regla. Oportunidad que me da de vivir la Eucaristía con esta bendita Hermandad de San Antonio y por estar cerca de mi Señora de Regla. Es algo grande cuando la Hermandad y medio pueblo de Sanlúcar, ¡quizás exagere un poco!, pero son tantísimas las personas que caminan por la playa en busca de ese encuentro otoñal, tan bonito, ese encuentro cercano a la Virgen de Regla, esa convivencia, ese rosario por la playa, por las arenas, la entrada en Chipiona, esos cantos, o cuando salen los hermanos franciscanos a recibir a la Hermandad de San Antonio.
A mi parecer, creo que muchos sanluqueños no conocen de la antigüedad de la Hermandad de San Antonio, pues ya en la primera procesión de la Virgen de la Caridad, en el 1608, aparecen registros sobre esta hermandad. Podemos entresacar de las antiguas crónicas: “y se abría la procesión de la Virgen de la Caridad en este orden, la Santa Veracruz; Nombre de Jesús; San Sebastián; Nazareno; Soledad; Cinco Llagas; San Antonio de Padua…” Sólo con recordar estas crónicas, vemos que ya en el 1608 participa la Hermandad de San Antonio en la primera procesión de la Virgen de la Caridad.
Ni la comunidad de capuchinos había aparecido por aquél entonces en Sanlúcar, porque, nuestro convento de Capuchinos se funda en el 1634, y estamos hablando del 1608. Otra cuestión importante, que los sanluqueños tenemos que tener presente, es la presencia del santo de Padua en todas las iglesias de Sanlúcar. Es más, en este convento de Capuchinos de Sanlúcar y su iglesia, tenemos como titular a Santa María del Buen Viaje y San Antonio de Padua. No hace mucho, en aquellos días veía yo que en una iglesia de Sanlúcar no se encontraba presente la imagen de San Antonio, concretamente en la Iglesia de los Ángeles.
Estando entonces yo como guardián del convento de Capuchinos, se lo comento a su párroco Padre Fray Fernando Linares, -quien tan acertadamente lleva la dirección de la parroquia, y quien cuenta con el cariño de los niños, los catequistas, los miembros del Camino Neocatecomunal- que no hubiese una imagen de San Antonio en la Parroquia. Entonces una imagen que teníamos aquí de San Antonio la llevamos a la Parroquia de los Ángeles, donde tiene su altar (FOTO). Fue curioso que no esperamos al mes de junio, o por ejemplo, al día en que se celebra, que fue nombrado doctor de la Iglesia Universal, correspondiente al día 16 de enero, nombramiento realizado por el Papa Pío XII, en el año de 1946. Sino que una tarde de Nochebuena entronizábamos a San Antonio de Padua, en la Iglesia de los Ángeles.
Tampoco sabemos de la labor callada de la Hermandad de San Antonio, con el pan de los pobres. Tenemos a D. Antonio Díaz Prieto, de quien yo diría que es como el hermano limosnero de la Hermandad de San Antonio que va buscando, pidiendo, recogiendo los cepillos para los necesitados, para los pobres, hoy que tanta necesidad hay en el pueblo de Sanlúcar. Desde aquí quiero pedirle perdón a Antonio Díaz Prieto, que ahora mismo lo estoy comparando con ese santo franciscano, capuchino, tan seguidor del mensaje de San Francisco, como no es de otra forma me refiero a Fray Leopoldo de Alpadeire, el limosnero de Granada.
San Antonio y su Hermandad, cuenta con este hermano limosnero, como es Antonio Díaz Prieto, para poder repartir el pan de los pobres. A veces no nos damos cuenta el merito que tiene esta labor, pero lo recogen las Bienaventuranzas: “Dad de comer al hambriento”. Y eso es lo que hace la Hermandad de San Antonio, en la vida diaria.
¡A lo mejor!, la Hermandad de San Antonio piensa en esos boatos que nos gusta tanto al pueblo andaluz, a veces, repicar con la mano derecha lo que hacemos para que no se entere la mano izquierda o, para que la mano izquierda no se entere de lo que hace la derecha. Sin embargo y por desgracia, nosotros repicamos para que se enteren de lo que hacemos. Pero la Hermandad de San Antonio ¡no! A lo mejor vemos a Antonio Díaz Prieto en su alámbreta, parece un muchacho que se acerca hasta el convento a visitarme, pero sin embargo viene de realizar una gran labor. Porque este hombre le está pasando como al vino viejo, su experiencia, sus años le hacen entregarse aún más a esa bendita Hermandad de San Antonio.
Antonio Díaz Prieto ha encontrado en la figura del nuevo párroco de la O, D. Juan Jacinto del Castillo y Espinosa, un nuevo apoyo para seguir trabajando y llevando el “Pan Nuestro de cada Día”, a este pueblo que tanta necesidad está pasando por esta crisis, al igual que en el resto de España.
Animar a la Hermandad de San Antonio a seguir viviendo el mensaje franciscano de “PAZ, BIEN y ALEGRÍA” y ayudando a los demás que es en resumen lo que San Francisco de Asís, nos transmite después de trece siglos. Es lo que vivió Antonio de Padua con su mensaje de ayudar al necesitado, en su romance y en su mensaje de acudir a él y todos los pobres encuentran consuelo.
Así sigue San Antonio después de tantos siglos, ayudando a los demás a través de sus devotos y hermandades. Y aquí en Sanlúcar tenemos esa gran vivencia con la Hermandad de San Antonio en la Iglesia de San Miguel.
Fray José de Sanlúcar
O.F.M.Cap.

